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Entrevista a Paco Roca: Recuerdos borrados

Por Borja Crespo (*)

 

Portada de 'Arrugas' (Astiberri)

Arrugas, una de las obras de actualidad más comentadas por los seguidores de las viñetas, es un emotivo y sentido retrato de la degeneración senil, un arrebatador álbum pergeñado por Paco Roca (Valencia, 1969) que se vale de un sentido del humor sutil y las posibilidades del lenguaje del cómic para hablar de un tema complicado, el Alzheimer, y conmocionar al lector. Editado por Astiberri en nuestro mercado, logró entrar en 2007 en la prestigiosa lista de los 20 títulos imprescindibles del año elaborada por la Association des Critiques de la Bande Dessinée. Está a las puertas de llevarse algún premio en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona.
     Paco Roca, lejos de dejarse llevar por el tópico a la hora de afrontar Arrugas, se documentó a fondo sobre el tema que vertebra su propuesta, una enfermedad canalla que devora los recuerdos. Autor de El juego lúgubre, Hijos de la Alhambra y El Faro, el último trabajo de este dibujante valenciano se aleja del dramón lacrimógeno y la sensiblería facilona en beneficio de la emoción pura, la sonrisa cómplice y las imágenes poéticas. La obra está teniendo una excelente acogida dentro y fuera del mundo de la historieta.

¿Cómo surgió Arrugas en tu cabeza?
Me preocupa la vejez, mis padres son ya mayores y cada vez que hablo con ellos me dan un detallado informe médico de cómo se encuentran, qué medicamentos toman y cuáles deben ingerir para contrarrestar los efectos secundarios de los primeros. A esto se añadió el hecho de que Emilio, el padre de uno de mis mejores amigos, tenía Alzheimer. Le conocía desde hace muchos años, y me parecía una persona muy culta e inteligente. Siempre lo veía leyendo junto a su enorme biblioteca atiborrada de libros, escuchando música. Me parecía un ejemplo de lo que me gustaría ser a su edad, llegada la jubilación. Por eso fue un duro golpe ver la degeneración que fue sufriendo debido al Alzheimer. Me parece la peor enfermedad imaginable. Una enfermedad que devora nuestros recuerdos, todo lo vivido, sensaciones, sentimientos...

¿Te documentaste a fondo antes de afrontar el proyecto?
Claro, tenemos muchos tópicos en la cabeza al hablar de la vejez y no quería caer en ellos. Así que, durante unos meses, estuve yendo a varias residencias de mayores para ver cómo era la vida en ellas. Hablé con médicos y con enfermeros, y la verdad es que, en la mayoría de los casos, es de admirar su paciente dedicación a la gente mayor. También hablé con muchos ancianos. Muchos de ellos me hablaban de su soledad. Prácticamente todo lo que aparece en Arrugas son anécdotas reales, sacadas de todas estas conversaciones. En una de las residencias que visité, me presentaron a una mujer mayor pequeñita y encantadora, que iba en silla de ruedas. No hacía ningún caso al mundo exterior, tan sólo miraba sonriendo por la ventana dónde todos los días la colocaban los enfermeros. La señora pensaba que viajaba en un tren infinito. Los enfermeros le seguían el juego a la hora de comer diciéndole que se la llevaban el vagón comedor. Ver estas cosas te hace pensar si la fantasía no es una vía de escape ante una realidad que ya no nos gusta y de la que no hay escapatoria posible.

¿Optaste enseguida por cierto tono de humor para aliviar un tema tan duro?
No quería hacer un dramón lacrimógeno y sensiblero. He intentado no regodearme en las escenas tristes, he preferido cortarlas antes de llegar al punto álgido y que el lector acabe la escena en su cabeza con sus propios sentimientos. Quería desdramatizar un poco el tema. Pero tampoco quería hacer una burla de la vejez, he intentado abordar la historia con mucho respeto y cariño. Pensaba continuamente en mis padres y en las personas que conocí en la residencia.

El cómic está teniendo una excelente acogida. ¿Te lo esperabas?
La verdad es que no me esperaba el interés que está teniendo la obra fuera del mundo de los cómics por parte de los medios de comunicación. Varias asociaciones de Alzheimer y de personas mayores también se han interesado. Y me parece genial. Muchos "no lectores de cómics" me han comentado que les ha sorprendido leer un "tebeo así". Yo creo que hay que darle una oportunidad al medio como lectura adulta: puede tocar cualquier tema de interés social. En España seguimos pensando, erróneamente, por desconocimiento, que leer tebeos es infantil.

Suenas en muchas quinielas para los premios del Salón Internacional del Cómic de Barcelona...
Bueno, hace años estuve nominado al mejor guión con El Juego Lúgubre, que ha reeditado hace poco la editorial Dolmen, pero no hubo suerte. Esperemos que este año la haya, me haría mucha ilusión.

¿Contento con la edición del álbum?
Sí, estoy muy contento con la edición de Arrugas en España. No era fácil sacar una edición parecida a la original francesa, ajustando tanto el precio de venta al público. Aunque suene a peloteo, la editorial Asiberri, además de sacar las mejores ediciones, tratan magníficamente a sus autores.

¿Cómo fue en Francia?
Allí lo editó Delcourt, una de las editoriales más importantes del país galo, a finales de abril de 2007. Ha funcionado muy bien de críticas y ventas; va por la segunda edición y fue seleccionado por la asociación de críticos entre los veinte mejores álbumes del 2007.

¿Cómo ves el panorama del cómic actualmente en nuestras fronteras? ¿Está viviendo un momento dulce en los medios o es un espejismo?
Me parece que es un buen momento. Sobre todo porque están surgiendo en los últimos años una gran cantidad de nuevos autores haciendo álbumes muy interesantes, y con temáticas nuevas que interesan a un público diferente, creando así nuevos lectores. Esto hace que se empiecen a vender cómics en librerías generales y grandes superficies, y que tengan repercusión en los medios de comunicación.

Centrándonos más en la creatividad…
Ahora se empiezan a tocar temas poco tratados en este medio. En parte, gracias a la llamada "novela gráfica". Este formato tamaño libro permite muchas más páginas, una narrativa diferente y una mayor cabida de diferentes temáticas y enfoques gráficos.

¿Iniciativas como el Premio Nacional son vitales para que el cómic sea mejor considerado?
El cómic es muy importante en nuestra cultura y por fin es considerado un medio a la altura de la literatura, la música o el cine. Era necesario que existiese un Premio Nacional de Cómic. Creo que esto hará mucho bien para que el cómic reciba todavía un mejor trato en los medios.

¿Cuál es tu metodología de trabajo? ¿Cómo te enfrentas a la página en blanco?
En una libreta apunto ideas: noticias que me han sorprendido, algún documental, algo que he leído o me han contado y que pueden ser la chispa de inicio para contar algo que me interesa. Normalmente las ideas no pasan de la libreta. Para explicarlo mejor, pondré el ejemplo de Arrugas. En su día leí que llegados a los setenta años, creo, una persona ya no podía ir a la cárcel. Eso me dio la idea de hacer una historia sobre una pandilla de ancianos que planean el asalto a un casino en una visita organizada por la residencia en la que viven. La idea quedó ahí apuntada durante mucho tiempo, hasta que la retomé cuando me enteré de que el padre de mi amigo tenía Alzheimer. Según fui leyendo sobre las patologías de la vejez, recopilando anécdotas y visitando residencias, me di cuenta de que no podía contar esa historia. Entonces, mientras me documentaba, escribí el guión de Arrugas. Una vez acabado, se lo pasé a varios amigos para que lo leyesen y opinasen. Después, me hice un borrador de toda la historia a un tamaño pequeño. En esta parte confío en que la historia esté bien estructurada en el guión escrito y sólo me preocupo de contar las palabras en imágenes. Una vez tengo esta parte, paso al dibujo definitivo. Aquí confío en que la historia está bien contada y tan sólo me preocupo de dibujarlo lo mejor que puedo. Luego llega la fase del color en la que intento contar las sensaciones de cada escena con el color. Una vez terminado y entregado, después de un año entero de leer sobre un tema, de agobios y estrés por entregar a tiempo, de temores por no ser capaz de expresar lo que quieres y de ver tus limitaciones con el dibujo, después de todo esto, decides que no vuelves a hacer ni un tebeo más. Pero al poco tiempo otra de las ideas que has apuntado en la libreta cobra vida y te obliga a que la hagas.

Autores de cabecera...
En mi infancia me influyeron Ibáñez, Raff, Uderzo, Hergé… Después redescubrí los cómics con Carlos Giménez, Daniel Torres, Miguelanxo Prado, Max, Corben, Moebius, Liberatore, Chaland… Los clásicos: Caniff, Foster, Raymond… Me encantaron Alex Toth, Bruce Timm, Mazzuchelli, Daniel Clowes... Y actuales, sólo por citar algunos: David Rubín, Luis Durán, Frederik Peeters, Jason Lutes, Dupuy y Berberian...

¿A qué tipo de público crees que gustará especialmente Arrugas? ¿Lo tuviste en cuenta antes de ponerte a dibujar?
Suelo intentar ir al público en general, a gente que no suele leer cómics. Esa es la gente que tengo en la cabeza a la hora de escoger el tema y al darle forma a la historia. Mi forma de narrar es muy sencilla, al igual que la concepción de la página, muy clásica.

Futuros proyectos...
Estoy terminando el dibujo a lápiz del siguiente álbum, Las Calles de Arena. Se publicará también primero en Francia, por la misma editorial que Arrugas. Habla sobre nuestro destino, si podemos o no cambiarlo, sobre las cosas absurdas que hacemos en nuestro día a día.

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(*) Borja Crespo (Bilbao, 1971) escribe habitualmente sobre cómic en diferentes publicaciones, especialmente en el diario El Correo, es autor ocasional de historietas (las últimas incursiones, en El Manglar y Dos Veces Breve, y Dolmen Editorial acaba de anunciar que en 2009 le publicará un volumen de historias cortas titulado Te hiero), y ejerce de cabeza visible de la organización del Salón del Cómic de Getxo.

Texto de Borja Crespo, cedido para Guía del cómic. Página creada en enero de 2009.