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Entrevista a Paco Alcázar: Viaje al interior de la mente

Por Borja Crespo (*)

Paco Alcázar (Cádiz, 1970) inició su andadura en el campo del cómic apostando por el humor negro. Tras pasear su ingenio por las páginas de incontables fanzines en los prolíficos años 90, dejó constancia de su acidez e ironía en las páginas de obras, hoy de culto, como The Lovesucks Experience (Monográfico), Escarba, escarba (Subterfuge Comix) o Moho (Ediciones D2ble D2sis). Estos primeros pasos en su trayectoria, donde ya se hacía notar un estilo inconfundible en fondo y forma, han ido derivando hacia un modus operandi más sofisticado, influenciado por plumas ilustres del tebeo independiente americano como Charles Burns o Daniel Clowes
     Paco Alcázar ha refinado considerablemente su grafismo, siempre fiel a su espíritu, dando rienda suelta a un universo personal donde conviven personajes al borde de un ataque de nervios. El tono inquietante de sus historietas queda reflejado en títulos como Todo está perdido (Ediciones D2ble D2sis), una pieza donde Cronenberg y David Lynch se dan la mano con Burns y Roland Topor: el verdadero terror se esconde en la vida cotidiana. Porque te gusta (Subterfuge Comix), un delirante comic-book protagonizado por un individuo de extraño comportamiento servía de pretexto a su autor para escarbar en el lado oscuro del ser humano. Las series Mecanismo Blanco y Silvio José, publicadas en las revistas El Víbora y El Jueves respectivamente, son una buena muestra del sugestivo trabajo de un artista que disecciona con gracejo la realidad que nos rodea.
     Alcázar también se emplea a fondo en el ámbito de la música. Hasta hace poco formaba el dúo Humbert Humbert junto al dibujante Miguel B. Nuñez. Antes de este proyecto grababa maquetas en las que tocaba todos los instrumentos bajo los nombres de Black Beethoven, Los Superasesinos o Funnier Than Suicide. Un artista polifacético, capaz de evolucionar sin descanso, siempre con un claro objetivo entre ceja y ceja: reírse de nuestras miserias, con pequeños cuentos macabros capaces de helarnos la sonrisa.
     La editorial de literatura Random House Mondadori ahora apuesta también por el cómic. Acaba de lanzar El manual de mi mente, un álbum que recopila diez años en la carrera de Alcázar. El volumen incluye el inquietante tebeo Todo está perdido, rescatado para la ocasión, la serie Mecanismo Blanco, y un buen montón de material extra, hasta ahora disperso en fanzines y publicaciones alternativas diversas.

¿Cuándo y cómo te decidiste a dibujar viñetas?
Recuerdo que siendo muy crío, al terminar de leerme dos tomos enormes de El Hombre Enmascarado le dije a mi madre que de mayor quería ser dibujante de tebeos. No es que yo mismo me tomara muy en serio aquello, pero la verdad es que no he dejado de dibujar desde entonces.

Tu estilo gráfico ha ido sufriendo cambios.
Por alguna razón me aburre la idea de dibujar siempre igual, estar atado a una misma manera de ver las cosas. A veces es por simple experimentación, otras porque creo que lo pide la historia... Nunca tengo muy claro cómo voy a dibujar la historia hasta que no he terminado el guión.

Atendiendo al título de tu nuevo álbum, El manual de mi mente, ¿consideras que por tus historietas se te conoce mejor?
Claro, supongo que es algo común para todos los autores. Tu obra siempre te retrata de alguna manera. Sobre todo, por lo menos en mi caso, conforme pasa el tiempo. He ido utilizando cosas que ocurren a mi alrededor, aunque sea para darles la vuelta y contarlas de otra manera. No se trata de tomárselo de una manera literal, pero supongo que llegó un momento en el que me di cuenta de las posibilidades que me daba el partir de situaciones más o menos cercanas para inventarme historias. Tal vez ese podría ser uno de los denominadores comunes del material incluido en este libro.

El volumen refleja diez años de tu carrera. Una década es mucho tiempo...
Sí, la verdad es que preparar el libro me ha servido para echar la vista atrás y darme cuenta de lo que ha ido cambiando y lo que ha permanecido igual en todo este tiempo. Al mismo tiempo, también tenía muy claro lo que quería incluir en el libro y lo que prefería dejar fuera. No es una recopilación, es una selección de lo que más me gusta de estos años.

¿Qué queda de tus comienzos en plena efervescencia fanzinera en los años 90?
Pues las ganas de que la gente lea lo que hago. Eso es curioso, porque siempre he pensado que podría hacer música para mí sólo pero estoy seguro de que nunca haría tebeos si no hubiera lectores. Por otra parte, los fanzines han sido muy importantes para mí. Gracias a ellos, en una época mis tebeos llegaban a gente de todas partes. En un momento en el que no había internet y las distribuciones eran muy desastrosas, los fanzines eran una buena manera de dar a conocer tu trabajo y ponerte en contacto con gente a la que le interesaba lo que hacías.

¿Ahora el cómic se ve de otra manera?
Puede ser, no estoy seguro. La situación editorial ha mejorado bastante y los autores ya se han acostumbrado a publicar en mejores condiciones. No es que ahora haya mucho más dinero, pero la cosa es menos cutre.

¿Qué recomendarías a alguien que quiere vivir de la historieta?
Soy la peor persona para aconsejar sobre eso. No me convertí en profesional hasta hace tres o cuatro años y fue casi por casualidad. Nunca tuve intención de hacerlo, simplemente nunca he dejado de dibujar y siempre he hecho lo que me ha apetecido. Tal vez ése sea mi consejo: no plantearse vivir de la historieta…

Cuéntanos posibles influencias en tu trabajo. Autores de cabecera, nacionales e internacionales...
Clowes, Blanquet, Doucet, Bagge, Martí Riera, Chester Brown, Gallardo, Burns, Max Andersson, Mauro, Max... Tanto gráfica como literariamente, cualquiera de ellos. Sigo teniendo debilidad por las historias cortas de Clowes, las de Eightball. Para mí fueron una gran influencia, más incluso que sus historias largas. Con el tiempo, cada vez aprecio más a Peter Bagge. Su Apocalipsis Friki me ha encantado, me da mucha envidia lo directo que es. Lo que cuenta parece sencillo, pero para mí es un virtuoso. Hace tiempo que no encuentro un autor que me impresione mucho y la verdad es que me molesta porque me da la impresión de que me estoy haciendo viejo...

¿Cuál es tu metodología de trabajo? ¿Qué técnica empleas a la hora de dibujar?
Muy simple. Antes de empezar una historieta me tiro varias horas dando vueltas por la casa con cara de desesperación. A veces hago un viaje hasta la oficina de Correos. Doy más vueltas, aprovecho para hacer alguna labor del hogar. Cuando se me ocurre algo, me encierro en el cuarto de baño y lo apunto en un folio cortado por la mitad con una letra diminuta que tan sólo entiendo yo. Luego lo dibujo a lápiz en papel Schöeler Liso, lo entinto con un pincel que me amarga la vida, lo escaneo y por último lo coloreo con mi Photoshop 7.0.

Curiosamente, en alguna ocasión has comentado que no te apasiona el hecho de dibujar.
Disfruto contando historias, provocando una reacción en el lector pero el proceso de dibujar me resulta bastante duro. No soy ningún virtuoso y, desde luego, no soy el típico dibujante que se pasa el día llenando cuadernos con sus dibujos. Soy un guionista atrapado en el cuerpo de un dibujante.

¿Cómo compaginas la música y el comic?
En general, sin muchos problemas. Aunque últimamente, cada vez se me hacía más cuesta arriba atender a las dos obligaciones-hobbies al mismo tiempo. Ahora Humbert Humbert lo hemos dejado, así que supongo que me centraré más en los tebeos, aunque la música me sigue apasionando. Sigo inventando proyectos musicales que no van a ninguna parte.

¿Te influencia la música en el dibujo?
No, para nada. Son dos mundos que no relaciono. Planetas diferentes, por suerte.

¿Qué te satisface más, los sonidos o las viñetas?
El resultado final, discos o tebeos, en ambos casos me satisface por igual, pero respecto al proceso me quedo con la música. Crear o interpretar música me resulta un ejercicio liberador, casi hipnótico. Por el contrario, escribir guiones y dibujar es un trabajo mucho más duro.

¿Llevas bien la etiqueta de autor polivalente?
Pues no sé, eso de “polivalente” me suena como a anuncio de batidora… Casi preferiría “polifacético”, aunque reconozco que me hace pensar en un presentador de televisión que ha escrito un libro de chistes o algo así… No sé, en realidad creo que prefiero la etiqueta de “genio” y ya está.

Has publicado tu último trabajo en una editorial que habitualmente publica libros. ¿Alguna diferencia?
Para el último álbum que publiqué, le di unas fotocopias de mis páginas al editor, él lo distribuyó más menos como pudo y me dio a cambio 150 euros. Para este libro he firmado un contrato, me han dado un adelanto, he tenido corrección de textos, he elegido el papel, el tamaño, además, gracias al departamento de prensa de la editorial, el cómic ha salido reseñado en mil sitios y encima se puede encontrar en cualquier librería, incluso no especializada. Sí, ha habido algún cambio.

¿Buscas nuevo público?
Si pretendo seguir ganándome la vida dibujando, más me vale. Mi situación ideal sería reunir poco a poco a un público que, aunque no sea muy numeroso, sea lo suficientemente fiel como para permitirme seguir publicando tebeos en buenas condiciones.

¿Publicar en la revista El Jueves te cambio la vida?
Entrar en El Jueves significó dedicarme profesionalmente a dibujar. Así que me cambió la vida totalmente. La historia fue que llegó un momento en que tenía que buscar un nuevo trabajo y pensé en probar suerte en la revista. Nunca me había planteado seriamente la posibilidad de entrar en “El Jueves”. Estaba convencido de que la temática de mis tebeos no les interesaría nunca y de que además yo sería incapaz de seguir un ritmo de publicación semanal. Por suerte, me equivocaba en las dos cosas.

 

Portada del volumen dedicado a Silvio José en el coleccionable El Jueves Luxury Gold Collection.

¿Quién es Silvio José?
Silvio José es un parado egomaníaco de 45 años que vive con su padre en un mundo tan surrealista y absurdo como en el que vivimos nosotros.

¿Cómo nació el personaje?
Quería crear un personaje para enseñárselo a la gente de El Jueves. Si la idea prosperaba, estaba claro que yo debía ser capaz de dibujar cientos de páginas sobre él, así que decidí que un tipejo obsesionado con no trabajar estaba lo suficientemente cercano a mí como para que escribir tantos guiones no me resultara un esfuerzo sobrehumano.

¿Te sientes cómodo en la revista?
Comodísimo. Tengo unos márgenes para hacer lo que me dé la gana, que serían casi imposibles de conseguir en cualquier otra publicación de quiosco. Además, en su forma de funcionar y de tratar a los colaboradores, se nota que es una revista creada y dirigida por dibujantes. Es una maravilla trabajar con gente tan profesional, de verdad.

La serie Mecanismo Blanco, que publicaste en la extinta revista El Víbora, forma parte de El manual de mi mente. ¿Puedes contar de qué va?
Trata de un neurocirujano que se gana la vida repartiendo pizzas. La idea se me ocurrió trabajando de camarero. Pensé que mientras yo era un autor más o menos reconocido, y lo más importante para mí eran mis tebeos, para el mundo que me rodeaba era llevar bandejas de arriba a abajo. Se me ocurrió que sería divertido imaginar cómo sería esa situación poniendo la neurocirugía al nivel de los tebeos. Mecanismo Blanco muestra un pequeño universo de personajes dementes, ineptos y desesperados.

¿Coges ideas de otras disciplinas? Por ejemplo, en tu álbum se recopilan las tiras que publicaste hace unos años en el periódico del festival de Sitges, que beben claramente del cine de terror...
Claro, cualquier cosa me puede influir: cine, libros, televisión... A veces incluso más que otros tebeos. Por ejemplo, Silvio José bebe más de influencias televisivas (Seinfeld, Búscate la vida...) y literarias (La conjura de los necios) que de influencias comiqueras.

¿Cómo surgieron esas tiras?
Bueno, me gusta el género de las tiras de prensa y me gusta el género fantástico y de terror, así que lo de las tiras de Sitges fue una experiencia estupenda. En realidad, sufrí un poco porque le di bastantes vueltas a lo que quería contar y sobre todo a como lo quería contar. Tenía muy claro el tono y alrededor de eso fui construyendo tira a tira. No quería ni que fueran abiertamente humorísticas ni terroríficas, quería una mezcla un poco extraña entre las dos cosas y estoy bastante contento de como quedaron. El género de terror me ha gustado siempre. Es una pena que conforme te vas haciendo mayor pierdas esa capacidad para pasar verdadero miedo al ver una película o leer un tebeo. Tal vez por eso me atraiga el surrealismo de gente como Topor o Buñuel. Su obra era una mezcla de sentido del humor y violencia expuesta de una manera realmente inquietante.

¿Te gustaría hacer algo para el cine? Imagen real, animación...
Un poco sí, la verdad. Mi problema con el cine es que es una actividad demasiado social, cara y complicada. Cuando dibujas, escribes o haces música solo te las tienes que ver contigo mismo o como mucho con alguien más, pero en una película se involucra mucha gente y muchos intereses y estoy seguro de que tienes que pelearte con todos si quieres que lo que tú tienes en la cabeza se haga realidad. Tal vez la animación sea algo a medio camino que resulta más factible. Ahora se pueden hacer cosas realmente buenas gracias a los ordenadores, aunque para hacer animación siempre vas a necesitar un nivel de paciencia del que creo que carezco. De todas maneras, quién sabe, quizás algún día me embarque en algo así.

Futuros proyectos...
Para empezar, espero que antes de que acabe el año pueda salir publicada la primera selección de Silvio José en tomo. También pretendo seguir sumando páginas a La Prisión Portátil, una historieta larga que empecé en NSLM y que ahora dará el salto a las páginas de El Manglar. También me haría muy feliz que me salieran más encargos como ilustrador, un campo en el que voy aprendiendo muy poco a poco y en el cada vez me lo paso mejor.

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(*) Borja Crespo (Bilbao, 1971) escribe habitualmente sobre cómic en diferentes publicaciones, especialmente en el diario El Correo, es autor ocasional de historietas (las últimas incursiones, en El Manglar y Dos Veces Breve, y Dolmen Editorial acaba de anunciar que en 2009 le publicará un volumen de historias cortas titulado Te hiero), y ejerce de cabeza visible de la organización del Salón del Cómic de Getxo.

Texto de Borja Crespo, cedido para Guía del cómic. Página creada en enero de 2009.