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Entrevista a Max

Por Yexus.

 

Portada de 'Bardín baila con la más fea'

Forjado en el fanzinismo y el underground militante, definió su estilo desde el primer número de El Víbora. creador en sus páginas de auténticos iconos generacionales, el barcelonés Max (1956) ha derivado en dos décadas de la rebeldía radical a la reflexión, cada vez más intimista y compleja, sin obviar el episodio lúdico ni desligarse del compromiso con la realidad más sangrante. Es autor de fantasías propias y mitos ajenos, de grafismo progresivamente sintético y audaz. Mientras continúa la recopilación de su obra en la colección Todo Max, el 18º Salón del Cómic contemplará sus más recientes proyectos: Bardín baila con la más fea y el número 6/7 y último de Nosotros somos los muertos.

¿Nosotros somos los Muertos no encontró su parcela de público?
Yo creo que sí lo había encontrado. Hombre, no nos engañemos, un público limitado, pero prácticamente suficiente para que la revista pudiera continuar. Los problemas han sido de entendimiento con los sucesivos editores con que nos íbamos asociando, la publicación siempre ha fallado por ese eslabón. En principio se distribuía y llegaba a las tiendas especializadas pero nunca se recogían los beneficios; los editores andaban liados con otras cosas (o perdiendo dinero con otras cosas) y el dinero que empleaban en los Muertos acababa sumiéndose en esa especie de vorágine que cada editor lleva consigo y nunca había manera de que los números estuvieran claros. Pero las cifras de venta sí daban a entender que, en principio, el coste de la impresión se podía autofinanciar con ellas mientras el pago a los dibujantes lo afrontábamos Pere Joan y yo a través de la publicidad. Era un pago mínimo y aspirábamos a que pudiera ser mayor en algún momento, no ya en base a la publicidad sino a las ventas. Pero claro, con estas gestiones caóticas de los editores nunca ha habido manera de remontarlas.

¿Y los especiales Medio Muerto sí resultan viables?

No tengo muy claro que sean viables; de hecho, los dos primeros fueron editados con una editorial de Barcelona, Seis Associació, con los que habíamos llegado al acuerdo de sacar el Muertos número seis y los dos "Medio Muertos". Estos dos llegaron a salir pero el número seis no. Nosotros ya habíamos entregado el material pero era una editorial un poco novata; se despistaron mucho, no llegó a tiempo para el Salón y eso fue un poco la gota que colmó el vaso. A partir de entonces decidimos que lo que sacáramos lo íbamos a editar nosotros, Pere Joan y yo. Y así aparecieron los dos siguientes y lo harán los futuros.

Hablemos de Bardín y el surrealismo, elemento irreal que también incide en El prolongado sueño del señor T ¿Es esto lo que actualmente te preocupa, por encima de la propia realidad que hasta ahora te ha motivado en, por ejemplo, Como perros?
No deja de ser una perspectiva distinta sobre los mismos temas. Así como, efectivamente, Como perros era una visión muy cruda y directa de la realidad, tanto en Señor T como en Bardín opto por una mirada más oblicua; en el fondo lo que cambia quizá es este tipo de mirada pero se dirige al mismo objetivo, a la realidad. Lo que yo no diría es que El señor T tenga nada de surrealista. Sí tiene de onírico pero no creo que haya que identificar automáticamente el sueño con una actitud artística llamada surrealismo. Yo lo diferencio bastante. De hecho, la palabra "surrealista" se ha convertido en un tópico. Digamos que El prolongado sueño... era una especie de exploración del mundo interior a través de los sueños. Y allí había cosas que yo he soñado y otras inventadas pero a mi me parece una historia más realista que surrealista, aunque hable de un mundo interior y no exterior. En Bardín es diferente; tiene esta especie de filiación surrealista pero es algo a mitad de camino entre el homenaje a un movimiento artístico que me parece el último realmente importante y, por otro lado, una especie de nebuloso punto de partida a partir del cual elaborar otra cosa. Que no tiene por qué ser surrealista. Dejo claro, pues, que yo no me autocalifico como surrealista para nada y que no es mi intención perpetuar este movimiento. Simplemente han sido una serie de claves que yo he pillado por ahí y he reelaborado a mi manera en una pista muy especial y distinta, que da como resultado Bardín.

¿Y cómo encaja en ello el homenaje a Bruguera? ¿Guiño, nostalgia o realmente le debes algo a esa escuela?
Ni guiño ni nostalgia, yo creo que es puro amor. Yo crecí con los tebeos de Bruguera y diría que estoy empapado de ellos. Quizá no se había notado mucho en mi estilo pero a mi me sale de una manera muy natural, no tengo que esforzarme nada para dar a mis dibujos un "aire Bruguera". Bueno, también puede que haya algo de nostálgico y que en mi mente sean como los tebeos ideales. Por lo que me pareció que expresar el mundo de Bardín a través de una fórmula parecida a la de Bruguera podría resultar muy divertido y a la vez abrir una puerta nueva, no al pasado, sino al futuro del campo del comic-book. Porque hay muchos comic-books (manga, superhéroes, independientes...) pero todos se ajustan al mismo esquema: ves las portadas de doscientos en fila y te parecen todas iguales, el interior es una historia única... Es una fórmula que no es que tenga nada de malo pero me parece que se puede renovar un poco. Aunque tampoco he inventado mucho; digamos que Chris Ware fue el primero que empezó a saltarse la fórmula, y en ese sentido me ha inspirado bastante. No sigo su camino pero sí puedo hacer un recorrido parecido o que surja de la misma bifurcación que ha tomado él.

En Bardín baila con la más fea interviene un número insólito de autores ¿cómo ha sido esta colaboración?
Tenía ganas de hacer algo así, colectivo, con mis amigos. Porque todos los convocados son gente a la que conozco personalmente. Tenía claro que no quería caer en una jam-session descontrolada que no tuviera guión, que fuera solo un dibujo detrás de otro. Y me he pasado dos años comiendome el coco, pensando un guión que fuera coherente sin tener que pedir a cada uno una viñeta muy precisa. Y creo que he encontrado la fórmula. Al final he pedido a cada uno lo mismo exactamente, la misma viñeta con el mismo tema, y me he montado un guión que admite integrarlo todo en una narración coherente.

¿Algunos nombres?

Mauro, David B., Juanjo el Rápido, Lewis Trondheim, Keko, Muñoz, Monteys y Fontdevila, Podetti, Miguel Ángel Martín, Ágreda, Sandra Valencia, Arnal Ballester, Gallardo, Martí, María Colino, Pere Joan... El nivel es bastante apabullante, me han enviado maravillas de viñetas.

¿Como surgió la colección Todo Max?
Fue una idea de La Cúpula, que me pareció bien porque me permitía ordenar y poner en claro lo caótico de mi trabajo. Caótico en el sentido de variado: unos agotados, otros reimprimiéndose, otros que no habían salido nunca... Me parecía que el seguidor de mi trabajo (no los del principio sino los que se iban incorporando) lo tenían muy complicado para hacerse una idea coherente de lo que significa mi obra en su conjunto. Y esta colección era la oportunidad ideal para ordenarla cronológicamente y reunir el material que estaba disperso, todo bajo un formato y un diseño unificados y bajo mi supervisión. Asi que yo me preocupo, sobre todo, de que cada álbum tenga una coherencia interna, especialmente los que recopilan obras cortas.

¿Para cuando está previsto el próximo?
En principio el proyecto es sacar uno al año o reeditar los que se agoten. El próximo podría ser El beso secreto. Y quedan pendientes historias cortas de El Víbora relacionadas con la pandilla de Gustavo (Lilian, Pep...) e incluso algunas sueltas del propio personaje.

Y en plan completista, ¿no os habéis planteado incluir material de tu época underground y de los fanzines?
Se puso la idea sobre la mesa pero a la editorial no le pareció muy oportuno en principio, por lo que no se previó en la numeración. Pero siempre estamos a tiempo de sacar un número cero que contenga todo el material "pre-Víbora" ¿no?

Cumplido su vigésimo aniversario ¿cómo contemplas la evolución de El Víbora?
Creo que existen dos etapas. La primera debió durar 4 ó 5 años, aquella en que estaba tomada por los "fundadores", por el equipo inicial. Fue la más brillante en cuanto a ventas, alcanzando un techo que no digo que solo fuera virtud nuestra sino que el mercado en aquella época estaba mucho más animado. Luego empezó, inevitablemente, a bajar. Lo que, junto a la "deserción" de los autores iniciales, propició un periodo de desconcierto del que costó unos dos años salir. Y después hay una segunda etapa, en la que parece que apuesta por un tipo de historieta y empiezan a llegar autores de recambio. A partir de ahí se empieza a moldear El Víbora que hoy en día tenemos.

¿Estás pasando del éxito popular a ser un autor de culto?

Me temo que sí.

¿Tu público no ha sabido evolucionar al mismo ritmo que tú?

Es un tema complejo. Yo ya tengo cuarenta y tantos años e, inevitablemente, las historietas que hago son para un público de mi edad. Lo que no significa que otros no puedan leerlas y entenderlas, que sí pueden, pero normalmente a la gente más joven le interesa otro tipo de cosas. Ahí ya se produce una pérdida. Los lectores que deberían haberme acompañado en mi progresión, en mi envejecimiento, se han reciclado, han dejado de leer tebeos. Y a los jóvenes que les van reemplazando seguramente de entrada no les atraigo mucho: no hay drogas, sexo ni rock and roll. Por otro lado gano algún público pero es lo que tú dices, un público de culto. Gente que busca la diferencia, el tipo de lector curioso, incluso muchos que no son habituales en las tiendas de comics.

¿Utilizas el ordenador para colorear?

Digamos que yo uso el ordenador para imitarme a mí mismo. Me parece lo más coherente; yo ya tenía un estilo, llevaba bastantes años trabajando el color, mi gama estaba muy personalizada... Luego, lo que no puedo hacer es quedar deslumbrado por los efectos especiales y echar por la borda lo que he estado trabajando tanto tiempo. Por eso lo tengo muy claro: utilizo el ordenador para hacer lo que hacía antes, salvo que es más rápido, más cómodo y me permite ciertos pequeños trucos que dibujados a mano serían agotadores.

Visto con perspectiva, tu inquietud parece aumentar progresivamente ¿no? Mientras una gran cantidad de creadores que han alcanzado el éxito prefieren la comodidad y la inercia, cuando no el anquilosamiento...
No puedo negar que yo tengo una actitud en general hacia la vida que es un poco también así. Ya de jovencito odiaba la idea de pensar que cuando uno se hace mayor se instala obligatoriamente en su mundo, en lo que ha ido consiguiendo, y se dedica a explotar lo que ya tiene en la mano. Con el paso de los años no se me pasa: sigo odiando esa perspectiva. Supongo que es mi manera de sentirme vivo, de pensar que esto de dibujar y escribir historietas continúa siendo una aventura apasionante.

Texto de Yexus, cedido para Guía del cómic. Publicado originalmente en la revista Volumen Dos #4 (Under Cómic, abril de 2000).  Página creada en mayo de 2010.