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Entrevista a Hernán Migoya y Joan Marín

Por Borja Crespo (*)

Olimpita trabaja como pescadera en el barrio barcelonés de Gràcia. Como su marido, Carmelo, es hija de inmigrantes andaluces, que llegaron a Cataluña en la década de los años sesenta buscando sustento. Olimpita es la protagonista del último álbum de cómic guionizado por Hernán Migoya (Ponferrada, 1971), que escandalizó al personal con el libro Todas putas. Aquí quita hierro al asunto hablando de la mal llamada violencia de género y la inmigración, aprovechando el talento gráfico de Joan Marín (Valencia, 1975). Con el éxito inesperado de Persépolis y el auge del discutible concepto de novela gráfica, Norma Editorial inició una colección, Nómadas, cuyo objetivo es dar cabida a este tipo de trabajos, con un enfoque social.
     Olimpita toca dos temas sociales en el candelero. Propone una reflexión sobre la convivencia de los ciudadanos de origen catalán con los hijos de la antigua inmigración, que, a su vez, se juntan actualmente con los nuevos grupos de origen latino y africano. La protagonista del álbum no puede evitar mirar con ojos de nativa arraigada a los nuevos inmigrantes. Migoya plasmó con sus ideas un guión gráfico, un storyboard, que posteriormente se fue modificando a medida que Joan Marín lo iba dibujando.

¿Qué intenciones tiene este álbum?
[Hernán Migoya] Me interesaba arrojar una visión realista, alejada del sensacionalismo de los mass media, sobre temas que hoy parecen de actualidad, como la inmigración y el maltrato. Son fenómenos que han existido siempre en la cultura española, en la realidad en la que he crecido, y me irrita muchísimo la visión simplista que se da de ellos en la prensa. Existe un tipo de maltrato "cotidiano" del que casi nunca se habla: no es el del hombre psicópata que persigue a su ex para matarla por revancha, sino la del día a día, la del hombre que golpea a su mujer de forma regular, hasta el punto de que ella lo acepta como un gaje más, como un lastre "tolerable" de su vida en pareja. Ése es el maltrato más extendido en nuestra cultura y que yo quería exponer. Hay un tipo de maltrato que incluso cuenta con la connivencia femenina. Muchas mujeres se creen que sus hombres las quieren más porque se muestran iracundamente celosos y las maltratan. Creo que la visión de los periódicos y el Ministerio de Igualdad es muy esquemática, con un reparto de papeles de "buenas y malos", como si todo fuera una película mainstream de Hollywood. Sin embargo, en mi familia, yo he visto a una señora maltratada rechazar mi ayuda a la hora de preparar la mesa para comer, alegando que esa tarea "no es cosa de hombres". El machismo es un tema muy complejo y está muy arraigado en la sociedad española y latina en general. No es tan fácil aislar un único culpable de un solo sexo.

No estarás de acuerdo entonces con la expresión "violencia de género".
[Migoya] Para nada. O bien quieren decir "violencia de género masculino" o deberían crear un término que englobe toda la violencia doméstica. La esquizofrenia española provoca que no se pueda cuestionar tampoco que una denuncia por maltrato pueda ser falsa. Nos asusta cuestionar que una mujer pueda tener interés en acusar injustamente a su pareja, de pronto es un tema tabú, cuando los abogados reconocen que casos así son comunes y ellas siempre salen impunes. Demonizamos o absolvemos a las personas en términos absolutos. En Olimpita quería que los personajes no fueran ni buenos ni malos: simplemente que tuvieran rasgos positivos y negativos, como todas las personas. Incluidas los inmigrantes.

Conoces de cerca el tema de la inmigración…
[Migoya] Lo vivo muy de cerca debido a que mis padres fueron emigrantes, se conocieron en Buenos Aires, y siguieron siendo emigrantes en Barcelona. Ahora mi pareja es latina, con lo cual he vivido dos tipos de emigración: la del resto de España a Cataluña en los años 60 y la actual de latinos. Ello me ha situado en la coyuntura excepcional de sentirme siempre desarraigado con mi entorno. Me parecía interesante confrontar ambas olas migratorias y ver cómo contrastaban y reaccionaban entre sí. Siempre me ha interesado el racismo sutil entre diferentes grupos étnicos, no solamente el más simplón de los "blancos" hacia el resto de razas. Los tabúes occidentales hacen que las obras sobre inmigración y maltrato sean siempre muy tópicas, muy "correctas". Olimpita creo que va un poco más allá de todo eso. En Barcelona, sitúo catalanes "viejos" con catalanes "conversos", hijos de emigrantes de toda España, junto a inmigrantes latinos y africanos: esa situación es real y genera conflictos e interacciones muy interesantes.

¿Cuál fue el primer paso en el nacimiento de Olimpita?
[Marín] En la editorial Norma se dieron cuenta de que no había ningún autor nacional moviéndose claramente en el terreno del cómic social y decidieron dar el paso y producir una obra. Contactaron con Hernán, que desarrolló la idea uniendo dos de los temas que Óscar Valiente, editor de la novela, le había propuesto, y después buscaron al dibujante que mejor se ajustara a esa idea. Al parecer fue un trabajo costoso, de numerosas pruebas, hasta que al final dieron conmigo.

[Migoya] Como ya he dejado caer antes, estaba harto de la visión simplista y estereotipada que la cultura española ofrece de su realidad social en novelas, películas, cómics, etc.: los pobres siempre son buenos, los ricos malos, los blancos son racistas, los negros son buenos y tolerantes, los hombres son agresivos y las mujeres son víctimas absolutas. Me parece un punto de partida tan esquemático y al mismo tiempo tan tendencioso, que me apetecía crear un fresco de una realidad que he vivido. Creo que en el fondo ese esquematismo cultural sólo evidencia que la mayoría de artistas españoles proceden de la burguesía de clase media/alta, y, por tanto, no han vivido aquello de lo que hablan. Además, Olimpita suponía un reto para mí, ya que todos mis cómics se han enclavado siempre en los llamados géneros de evasión: suspense, terror, acción, policíaco, etc. Aunque incluso cómics de entretenimiento puro como Kung Fu Kiyo han incluido siempre apuntes sociales autóctonos. Por una vez me apetecía moverme en el terreno del naturalismo realista, que no deja de ser un género más. En el fondo, más allá de temas como el maltrato, la inmigración, la vida de la clase media/baja, etc., creo que el tema real de Olimpita es la historia de una mujer española normal y corriente a la que le llega la oportunidad de ser feliz de donde menos se lo espera: de la mano de un inmigrante senegalés con el que, en principio, creía no tener nada en común. Nuestra historia le demostrará que no es así.

¿Qué lector disfrutará especialmente leyendo Olimpita?
[Migoya] Cualquier tipo de lector. En Olimpita prima el realismo, con lo cual no solamente se ofrecen momentos amargos. También hay humor, ternura, soledad, amor... Hemos intentado aprovechar todas las posibilidades que da el cómic como medio para profundizar más en los personajes y en la narración.

[Marín] Olimpita es una obra abierta, tanto al tradicional lector de cómics como a la nueva hornada de lectores de novela gráfica y, en general, para todo tipo de público. La pretensión original de la novela es acercar temas complicados, de una forma inteligente y fresca, a lectores que desconocen la versatilidad del medio pero que han encontrado en la novela gráfica una nueva forma de acercarse a la cultura. Creo que alguien que está interesado en el cine, la literatura o la música y que se considera a sí mismo culto, está perdiéndose una parte importante de la cultura si no lee cómics adultos.

Hernán, ¿te documentas antes de escribir un guión?
[Migoya] Depende del tipo de guión. Olimpita se desarrolla en el barrio barcelonés de Gracia, donde yo he vivido muchos años. Casi todos los personajes se basan en personas que conozco, tanto familiares como amistades y conocidos. Y las localizaciones son reales, desde el Mercado hasta el Consulado de Senegal en Barcelona. He incluido historias auténticas, experiencias de mi mujer en los trámites para conseguir documentos o cómo se suele sobornar a los funcionarios de los consulados, así como sucesos de maltrato vividos por familiares míos. Mi madre fue maltratada durante toda su infancia y un trauma así se interioriza y se lleva encima toda la vida. Nadie, ningún gobierno ni institución le ayudó a superarlo, pero a su manera ella sola lo superó, volcándose en la educación y cariño hacia sus hijos, para que algo así nunca más volviera a ocurrir en nuestra familia. Me apetecía mostrar el sufrimiento de personas que se sienten solas en su desgracia y que ven las campañas institucionales y el sensacionalismo de los medios como algo ajeno que no tiene que ver con sus vidas. En el fondo, muchas personas siguen estando solas ante sus problemas y no confían en que nadie vaya a ayudarlas.

¿Te sientes más cómodo escribiendo sobre algo cercano?
[Migoya] A nivel general, intento emprender siempre proyectos que tengan algo que ver con materias que conozco, al menos como punto de partida, por más que luego el género sea fantástico o realista. Necesito tener la certeza de que comprendo y siento todo lo que les ocurre a mis personajes. Si me documento, es para completar ese sentimiento. Pero sería incapaz de "recrear" algún momento histórico o absolutamente ficticio con el cual no sintiera una conexión empática o visceral de partida.

¿Alguna influencia palpable en la escritura de Olimpita?
[Migoya] Me han influido sobre todo autores literarios con los que comulgo en su representación de la realidad, como por ejemplo Milan Kundera, que jamás trabaja sobre clichés humanos. He intentado preocuparme muchísimo por representar la manera de hablar de cada personaje según su origen y dialecto, y depurar los diálogos todo lo posible. En ese aspecto, me he empapado de Ignacio Aldecoa, mi escritor español favorito con mucha diferencia.

Joan, ¿cómo ha fue el proceso de trabajo?
[Marín] Hernán elaboró lo que se llama guión gráfico, el storyboard, que posteriormente analizamos y fuimos modificando a medida que lo iba dibujando. También me paseé por el barrio de Gràcia, donde transcurre la acción, y tomé muchas fotos que me sirvieron de documentación, la cual creo que es uno de los puntos fuertes de la novela. El cómic está dibujado sobre papel A4 Schoeller mate y entintado usando unos pinceles recargables japoneses llamados Pentel que permiten un flexibilidad del trazo increíble. Después escaneaba las páginas y les daban los grises usando Photoshop y una tableta gráfica. La rotulación la hice en el Indesign. Mi nivel de exigencia es excesivo, así que he llegado a redibujar más de 20 páginas e incluso redibujé unas 8 veces la secuencia inicial. Pero estoy muy contento del resultado y creo que como carta de presentación después de años apartado del medio, es excepcional.

¿Te has fijado en la labor de otros dibujantes para manejar ideas?
[Marín] El haberme apartado del medio durante unos años ha hecho madurar mi dibujo de una forma que no esperaba, al partir de la realidad más que de otros autores. Sin embargo, cuando me formaba sí que me fijaba mucho en artistas de la talla de José Muñoz, Breccia, Jaime Hernández, Moebius, Mattotti, Federico del Barrio, Alfonso Font, Peeters, Gipi, McKean... Me encantan los buenos dibujantes de blanco y negro, y estos son algunos de mis favoritos. Por otro lado, soy un fanático de todo lo que haga Cosey y todo lo que hizo Chaland. Ahora, a diferencia de los años de formación, me fijo en cómo cuentan a través de sus dibujos aquello que desean transmitir. El trabajo de análisis de un tebeo es algo fascinante que no deja nunca de sorprenderme.

[Migoya] A mi me gustan muchos autores, demasiados. Por mencionar algunos: Frank Miller, Lauzier, Didier Comés, Alfonso Font, Christophe Blaine…

¿Os influyen en vuestro trabajo otras disciplinas como la música o el cine?
[Marín] Supongo que puedo considerarme un devorador cultural y todo lo que consumo acaba influyendo de un modo u otro en mi trabajo: me encanta leer todo tipo de prosa sea novela, ensayo, sociología, filosofía… También leo poesía, y soy un apasionado del cine. La música siempre me acompaña mientras trabajo y no podría hacerlo sin ella. Además, compagino mi trabajo como dibujante con el de fotógrafo. He expuesto en museos y espacios importantes en mi faceta de fotógrafo de creación, y creo que el análisis constante a que he sometido la imagen estos últimos años afecta de manera notable todo lo que hago sobre el papel en blanco.

[Migoya] Todo medio narrativo me influye, incluidos los videoclips, por ejemplo, que me interesan mucho más que los cortometrajes. Siento que el cortometraje no es un género tan interesante como debería: no ha desarrollado una manera de ser autónoma con respecto a los largometrajes; no tiene tanta entidad como el cuento respecto de la novela, por ejemplo. El videoclip me parece un formato mucho más sólido y efectivo como formato. Permite mucha más libertad artística y resulta mucho más emocionante como narración, porque música e imagen están perfectamente engarzados, forman un todo. La mayoría de cortos tienen, equivocadamente, estructura de largometraje concentrado. La música me ayuda a captar el espíritu para determinadas historias. Intento estar al día de todo lo que se refiere a música popular o pop. Cada día escucho música popular de cualquier época, desde tangos a coplas, pop inglés o country. Ahora mismo soy un fan absoluto del reggaetón, es el fenómeno más interesante que ha producido la música popular en la última década. Me apasionan las letras, que al contrario que el hip hop estadounidense, eluden la política y se centran casi exclusivamente en el sexo. Escucho reggaetón de todo tipo, desde Don Omar a Calle 13.

¿Cómo veis el estado actual del cómic?
[Migoya] Lo veo muy bien. Creo que hay muchísimos autores, y algunos muy buenos. Me encanta la posible resurrección del cómic español popular, gracias sobre todo a Las nuevas aventuras de Esther, del portentoso Carlos Portela y la increíble Purita Campos. El manga también me vuelve loco, por ejemplo. Llega más lejos que ningún otro medio: hoy día no existe una sola película de acción que haya llegado donde llega Gantz, por ejemplo.

[Marín] Creo que estamos en un momento muy dulce de producción de historieta, con decenas de autores muy interesantes que finalmente tienen la oportunidad de dar salida a sus proyectos. A nivel de industria, en este país aún nos queda mucho por hacer, pero creo que la entrada del formato de la novela gráfica dentro de librerías generales y la cierta moda que envuelve este fenómeno, está colaborando a llegar a un público más abierto, adulto, con inquietudes externas -vamos, que le da igual quién es más fuerte, si Superman o Hulk- y que nos ayudará a plantearnos nuevos retos alejados del maniqueísmo de mucha historieta española. Un ejemplo genial en este sentido es la nouvelle BD francesa.

Sí se nota que tiene más presencia en los medios.
[Marín] Parece que se empieza a considerar el cómic como un producto más dentro de los productos culturales y no como algo meramente de entretenimiento infantil. Sin embargo, sigue siendo un medio muy minoritario y la repercusión todavía es poca.

Iniciativas como el Premio Nacional de Comic son necesarias…
[Marín] Creo que es importante "vender" el cómic. Me parece que estamos tan cómodos en el ghetto, perdidos en la enorme libertad de la que disfrutamos los autores de historieta en este país, que necesitamos "aparecer" en medios generales con cierto empaque, con un aspecto renovado de seriedad, para comenzar a enfrentarnos a la realidad, se vende poco, y a la necesidad: hay que llegar al público. Cualquier estrategia de marketing que establezca un antes y un después, como el Premio Nacional o el término "novela gráfica", en los criterios del público potencial, me parece excelente. No olvidemos que para una gran mayoría, no existe el cómic inteligente y adulto y hay que hacer que se enteren de que están desinformados... Tebeos como Arrugas, de Paco Roca, además, muestran que se puede hacer un tebeo fresco e inteligente, de calidad, que llegue a un público más amplio y el premio hace que esto sea posible. A la larga, siguiendo este camino de normalización, puede que acabemos sorprendiéndonos de la evolución del mercado.

¿Tramáis algo más juntos?
[Marín] Vamos a seguir colaborando hasta que el cuerpo aguante. De momento, seguro, está la siguiente novela gráfica, Plagio, que trata del secuestro de la mujer de Hernán en Perú hace 10 años. Será una historia que hablará de ella y la ciudad de Lima, como crisol de emociones, situaciones y paradojas que chocarán enormemente al lector occidental. No acabo de considerarme "autor completo" de novelas gráficas, si no más bien de relatos breves, donde me siento más cómodo. Para novelas gráficas me gusta trabajar con algún escritor y Hernán es un tipo inteligente, culto y a la vez visceral y frívolo, con el que me encanta colaborar.

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(*) Borja Crespo (Bilbao, 1971) escribe habitualmente sobre cómic en diferentes publicaciones, especialmente en el diario El Correo, es autor ocasional de historietas (las últimas incursiones, en El Manglar y Dos Veces Breve, y Dolmen Editorial acaba de anunciar que en 2009 le publicará un volumen de historias cortas titulado Te hiero), y ejerce de cabeza visible de la organización del Salón del Cómic de Getxo.

Texto de Borja Crespo. Entrevista realizada a finales de 2008, y publicada por primera vez en Guía del cómic. Página creada en febrero de 2009.