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Entrevista a J.M. Ken Niimura

Por Borja Crespo (*)

 

Portada de 'Soy una matagigantes' (Norma Editorial)

Viene siendo cada vez más habitual que algunos lanzamientos en nuestro mercado, firmados por autores autóctonos, vean la luz antes en otros países. Soy una matagigantes, lo último de J.M. Ken Niimura, lleva guión de Joe Kelly. Se publicó primero en los USA en formato comic-book y llegó por estos pagos de la mano de Norma Editorial en un solo volumen. El proyecto surgió hace cuatro años, cuando el dibujante de ascendencia hispano-japonesa, ganador de numerosos premios de ilustración y cómic, conoció al escritor americano durante una visita al Salón del Cómic de Getxo.
     Soy una matagigantes es la historia de una chica de imaginación desbordante que se autoproclama "matagigantes", que aunque vive una vida ordinaria como estudiante entre su casa y el colegio, está convencida de que los gigantes existen y que ella acabará con ellos. Niimura, responsable de títulos como Japonés en Viñetas y Otras jaulas, ha tenido delante a un nombre reconocido en la industria comiquera americana. Kelly ha guionizado series como X-Men o JLA. Underground love, Clockworld, Vacío Absoluto, En el camino de la madeja, Historietas y un tomo en la colección Qu4ttrocento forman también parte del currículum profesional de Ken, actualmente afincado en París 

El dibujante de cómic, ¿nace o se hace? 
Diría que todo el mundo adquiere a medida que crece los conocimientos básicos para poder dibujar: imágenes y palabras las conocemos y manejamos todos, y el lenguaje específico del cómic no nos es ajeno tampoco. El resto es tener ganas de contar historias o de dibujarlas. Creo que todo el mundo podría ser un buen narrador de cómic, solo que muchas personas ni tan siquiera lo intentan... La mayoría de los dibujantes de cómic son aquellos que siguieron haciendo monigotes en los bordes de los libros de texto y un día decidieron ponerlos en una hoja aparte. 

Soy una matagigantes lleva tiempo sobre tu mesa...
Entré  en el proyecto hace unos 4 años. Había conocido al guionista Joe Kelly en el Salón del Cómic de Getxo durante una sesión de firmas y proseguimos el contacto por mail. En un momento dado me envió el guión de una historia que tenía escrita desde hacía tiempo para ver qué me parecía, me gustó y acordamos hacerla juntos. Desde ese momento a cuando realmente me puse a dibujar pasaron más de dos años en los que acabé mis estudios y rematé trabajos.  

¿De qué  va?
Si nos ceñimos a la trama en sí, es la historia de una chica que se autoproclama "matagigantes", que aunque vive una vida ordinaria como estudiante entre su casa y el colegio, está convencida de que los gigantes existen y que ella acabará con ellos. Lo que me pareció más atractivo del guión de Joe es que, partiendo de premisas bastante tópicas, consigue darle la vuelta a estos estereotipos y cuenta una historia mucho más universal de lo que cabría pensar en un principio. Va de lo concreto a lo general.   

Presentaste el álbum en el pasado Salón del Cómic de Barcelona. ¿Cómo lo viste este año en general?
Animado y continuando la tendencia de años anteriores de ofrecer contenidos que interesen tanto a un público especializado como generalista, aunque quizás con todo esto de la crisis me pareció que había menos gente de lo habitual. De todas formas, dado que al final me pasé la mayoría del tiempo en un stand o hablando con gente, poco pude ver del auténtico salón.  

¿Cómo te tomas este tipo de saraos?
Los primeros salones a los que fui con 15 años eran como una fiesta donde iba a comprar y ver cosas de las series que me gustaban. Más adelante, cuando comencé a hacer fanzines, era el momento de ir y venderle el fanzine a la gente y de disfrutar del salón pasando allí todo el día, entre fanzineros y visitantes. Ahora mismo lo veo más como un lugar de encuentro con todas las personas del medio que conozco, así como un lugar para mover proyectos. Sigue siendo muy divertido, pero de otra manera.  

Además es una oportunidad para conocer a tus seguidores.
Sí, sobre todo cuando veo que hay gente que viene a que le firme. Muchos me conocen del tiempo en que hacía fanzines o de cuando publicaba en revistas de información de manga, me sorprende mucho que algunos conozcan mi trabajo desde hace tanto. En el extranjero, he alucinado más de una vez cuando me han traído algún libro que solo había publicado en España o con la colección completa de Soy una matagigantes en su edición en inglés. Tampoco me podré olvidar de una chica que vino a que Joe y yo le firmáramos en la feria del cómic de Nueva York este año. Se había acabado el cómic de camino a la feria y no pudo contener las lágrimas delante nuestro. Y nosotros casi tampoco.  

¿Cómo explicarías a un profano qué  es un salón?
Por definición, debería de ser una congregación de profesionales y aficionados en torno al cómic, con mesas redondas, charlas y exposiciones, pero habitualmente se potencia más el lado comercial, con lo que muchas veces no pasan de ser un gran mercadillo de tebeos... Por lo demás, como ya he marcado, es una buena oportunidad de reunirte con gente que comparte la afición al cómic, de ver cuál es el estado del mercado y de pasar un buen rato. 

Cada vez hay más eventos de este tipo.
Sobre todo gracias a los aficionados, que son los que verdaderamente toman la palabra en este tipo de eventos. 

Doble página de Soy una matagigantes. Haz clic en la imagen para leer las primeras 16 páginas del cómic en la web de Norma Editorial.

¿Qué  tal tu colaboración con Joe Kelly?
El guión estaba entero escrito cuando Joe me lo envió. Lo trabajamos un poco para dividirlo en capítulos y para limar algunas cosas en las que no estábamos de acuerdo, pero básicamente quedó como estaba. Cuando acepté dibujarlo sabía que en realidad no tenía el nivel suficiente para que la cosa llegara a buen puerto, así que trabajé casi un año haciendo los diseños de personajes y escenarios, puliendo mi estilo de dibujo y el manejo del blanco y negro. A finales del 2007, con una buena parte del storyboard hecho, comencé a trabajar los capítulos uno a uno, en los que hacía no solo todo el dibujo y rotulación, si no también el diseño gráfico de cada comic book. Ha sido muy divertido poder trabajar el cómic al completo, poder perfilar los detalles a mi gusto en todas las fases de la creación. 

¿En cuanto al estilo de dibujo?
Opté  por hacer el dibujo a plumilla y pincel, retocar las imágenes en el ordenador para añadirle los grises y hacer la composición de página. Lo esencial era que fuera lo más sintético e invisible posible, que dejara respirar a la historia y la complementara. Por lo demás, el trabajo con Joe ha sido realmente muy sencillo: me sorprendió gratamente que un guionista con tanta experiencia y nombre como él se tome su tiempo para escuchar mis comentarios, discutirlos y en muchos casos incluirlos en el cómic. El esquema de trabajo, a pesar de ser por mail, y por tanto a veces no muy sencillo, ha sido realmente enriquecedor. Y poder hacer el cómic exactamente en las condiciones que quería, un verdadero lujo en estos tiempos que corren.  

¿Qué  artistas te llaman especialmente la atención y han llegado a influir en tu obra?
Demasiadas influencias como para ponerlas sobre el papel, además de que, como es lógico, han ido cambiando a lo largo del tiempo. Sí que hay algunos nombres que por una razón u otra siempre han estado ahí: Hayao Miyazaki, Miguelanxo Prado, Ernst Lubitch, Julio Cortázar...   

Actualmente resides en Francia, ¿cómo anda el cómic por allí? Cuéntanos diferencias...
Me fui a París hace casi tres años para cambiar de aires. Me encanta Madrid y mi vida allí, pero ponerse en un contexto diferente ayuda a replantearse las cosas, como persona y artista. No vine a París forzosamente por el cómic, pero es cierto que es imposible vivir allí y no estar expuesto a él. Es otra cosa: quizás por todos los años que nos llevan en esto de considerarlo un medio como otro cualquiera, o porque se mime la cultura en general mucho más. No es porque el jardín del vecino siempre sea más verde, pero en lo que llevo allí he podido ver una exposición de Hergé en el Centro Pompidou, otra de varios artistas en el Louvre y una de Disney en le Grand Palais. Creo que es bastante elocuente de la posición que ocupa el cómic aquí y creo que es muy estimulante estar expuesto a este tipo de cosas. 

Por aquí  parece que algo mejora la cosa...
En España es un buen momento de oportunidades, creo. Se están echando abajo mucho tabúes y creo que tenemos una recepción de público y medios del que no gozábamos en mucho tiempo. A nivel mundial coincide con el auge de la novela gráfica y con toda una generación de dibujantes que, siendo conscientes de la tradición del medio del cómic, se están atreviendo a ir más allá. La libertad de expresión que se ve a día de hoy en el cómic se ve rara vez en otros medios. Creo que podemos sentirnos satisfechos con todo lo que se ha conseguido, lo que no quita para seguir siendo ambiciosos y querer que la cosa vaya aún mejor. 

Empezaste con un estilo muy manga, pero ahora ya tienes uno más personal...
Como todos los dibujantes, uno empieza con una serie de referencias en la cabeza. En mi caso, hay una gran diferencia respecto de mi primeros trabajos, ya que comencé con 16 años a publicar en revistas de manga, cuando a mayoría de mis referencias estaban prácticamente en el cómic japonés. Al día de hoy, trato de no machacarme mucho con esta idea de estilo, lo importante es que el dibujo sea una herramienta que permita cómodamente traspasar las ideas de la cabeza al papel y ser fiel a la idea de partida. A base de leer y ver autores, he ido borrando en mi cabeza las típicas barreras que separan al cómic franco-belga del americano o el japonés, porque en el fondo todos comparten inquietudes comunes. No obstante, sigo viendo mi dibujo bastante impersonal y con poca fuerza, así que espero poder seguir progresando hasta conseguir algo tan potente como el trabajo de José Muñoz o Taiyou Matsumoto, por citar un par de referentes.   

Sueles dar talleres sobre manga.
Es algo que ha ido surgiendo de manera espontánea. Por suerte no me consume mucho tiempo, me permite cambiar de aires respecto del trabajo en casa y además es una buena manera de contrastar ideas y de aprender viendo cómo trabajan los alumnos. Lo de que sean talleres de "manga" tiene su truco, porque en realidad no enseño a dibujar ojos grandes ni cosas de esas: lo que a mi me interesa es que la gente salga con una idea concreta de cómo ha de contar las historias, a manejar la narrativa o el ritmo de las historias. Lo que es el verdadero trabajo del "mangaka", vamos. Y lo curioso es que me resulta mucho más sencillo enseñar todo esto comparando el manga con otros tipos de cómic; imposible para mi hablar de cómic japonés sin ponerlo en relación con el americano o francés.  

¿Que opinión tienes de los otakus?
No tengo nada en contra de cualquiera que tenga una afición y disfrute con ella. Como los hinchas del fútbol o aquellos que participan en las procesiones, tiene un carácter gregario, especializado y solemne que me resulta muy interesante. Admiro mucho a todos los que en los salones se atreven a disfrazarse o cantar en público, es algo a lo que nunca me atrevería. 

¿Por qué  crees que el manga y los tebeos de superhéroes son lo que más vende?
Por la misma razón por la que determinado tipo de películas, de libros o de música se reparten el pastel en cada tipo de mercado: por ser especialmente sencillos de consumir, por primar la diversión y el entretenimiento, y por su fuerte capacidad de evasión. Y que conste que esto no es nada malo, la lástima es que no siempre se acompaña esto de algo más. También es cierto que a través del manga y los tebeos de superhéroes aparecen nuevos lectores, muchos de los cuales se mantienen.  

¿En qué  líos andas metido actualmente?
Preparo un nuevo proyecto con Joe y estamos también trabajando en sendas historias cortas para Spawn y Spider-man. Tengo un par de proyectos en Francia y también quisiera probar algo en Japón: publiqué este año una historia corta en la revista Mandala y quisiera darle continuidad a este trabajo. De todas formas, desde que esto se haga, a que salga publicado, pasa tanto tiempo, que...  

¿A quién te gustaría parecerte como artista?
Si existe una mezcla entre Goya, Werner Herzog y John Zorn, me lo pido. Admiro de todos ellos su empeño en no conformarse, ni acomodarse con fórmulas manidas, el cómo realizan un trabajo honesto y consecuente, dejando siempre un margen para la experimentación. Y sobre todo que realizan obras que no se toman a si mismas en serio: el humor me parece cada vez más algo esencial.  

¿Puedes vender tu ultimo álbum a alguien que no lee tebeos habitualmente?
Es un cómic para gente que no lee cómic. Regálaselo a tu madre, tus abuelos o tus hermanos y aprovecha para leértelo también. ¿A que me vendo bien? 

Ya puestos, ¿es difícil vivir del cómic?
Si se limita uno al mercado nacional y solamente al cómic, sí, pero en la medida en que se mira al extranjero, o se trata de abarcar más géneros como la ilustración o la publicidad, la cosa se vuelve más factible. Con entusiasmo y mientras no se pierda el lado lúdico del hecho de hacer cómics, todo es posible. 

¿Qué  recomendarías a un dibujante que está  empezando?
Para mi lo más importante es dibujar mucho, tener curiosidad por las cosas, viajar, conocer, experimentar y aún tener un poco de tiempo de poner algo de todo eso sobre un papel. Moverse mucho, enseñar cosas aquí y allí, también es una buena baza. Y sobre todo no perder en ningún momento la motivación, ni olvidar la emoción que supone trazar una nueva línea sobre el papel e ir moldeando una historia. 

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(*) Borja Crespo (Bilbao, 1971) escribe habitualmente sobre cómic en diferentes publicaciones, especialmente en el diario El Correo, es autor ocasional de historietas (en los próximos meses está previsto que salgan a la venta Cortocuentos -con dibujo de Chema García- de la mano de Astiberri Ediciones y Te hiero con Dolmen Editorial), y ejerce de cabeza visible de la organización del Salón del Cómic de Getxo.

Texto de Borja Crespo, cedido para Guía del cómic. Página creada en septiembre de 2009.