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Entrevista a Fermín Solís: Buñuel entre viñetas

Por Borja Crespo (*)

Fermín Solís (Cáceres, 1972) se dio a conocer con el cómic recopilatorio Dando tumbos, al que siguieron títulos como La Otra vida, No te quiero…, Los días más largos, Las pelusas de mi ombligo, Lunas de papelBuñuel en el laberinto de las tortugas es su último reto, una obra compleja que, dada su naturaleza, puede interesar a amantes del cine y aficionados al cómic por igual. El autor elucubra sobre cómo pudo ser el rodaje de Las Hurdes, tierra sin pan, tercera película del maestro Luis Buñuel. Publica la Junta de Extremadura, no hay una editorial al uso detrás. Solís ha colaborado en revistas como Rockdelux y en las páginas de Recto, Dos veces breve y Buen provecho, entre otras publicaciones dedicadas a la historieta. Actualmente alterna las viñetas con la ilustración. Editoriales como SM, Pearson, o La Galera cuentan con su personal trazo, influido por la escuela Bruguera, los autores underground americanos, Jacques Tati, la UPA, Hanna & Barbera, Sasek, Sempé, Quentin Blake, Hergé… Siempre escucha música mientras trabaja.

¿De qué va Buñuel en el laberinto de las tortugas? ¿Cuáles son sus intenciones?
A simple vista, va de cómo pudo ser el rodaje de Las Hurdes, tierra sin pan, tercera película de Buñuel y uno de los primeros documentales hecho en España. Digo que cómo pudo ser porque apenas hay documentación sobre aquel rodaje, Buñuel solamente le dedica un párrafo en sus memorias. Aunque, realmente, lo que quería contar era un momento decisivo en la vida de Luis Buñuel: la ruptura con el grupo surrealista y la búsqueda de sí mismo, exiliado de España, asqueado de Estados Unidos, odiado en Francia por los sectores radicales de derecha por sus anteriores filmes… Este momento marca un antes y un después en la carrera del cineasta, pasarían más de diez años hasta que volviese a hacer otra película.

¿Cuál fue el germen del proyecto?
Pues, sinceramente, surgió de casualidad. Estaba buscando material para un cómic y me apetecía cambiar, tanto de registro de dibujo como de guión. Buscaba una historia muy sólida, novedosa, que me permitiese contar una historia larga. Viajé por las Hurdes, que están apenas a una hora y media de mi casa, buscando allí esa posible historia. Las Hurdes son un lugar con muchas leyendas, y nunca las había visitado, seguro que había algo interesante que contar. Fue entonces cuando me encontré con la figura de Buñuel y la película que rodó allí en 1933, que aún hoy en día continúa siendo polémica. Más tarde, al buscar documentación sobre Luis Buñuel para escribir el guión en la Filmoteca, el director se interesó por el proyecto y me propuso publicarlo con ayuda de la Junta de Extremadura y del Centro de Documentación de las Hurdes.

¿Tuviste que documentarte mucho antes de escribir el guión?
Claro, fue necesario para escribir y para dibujar también, ya que nunca había hecho nada “de época”. La parte de París precisó mucha documentación para dibujar calles, tejados, cafés, etc. La verdad es que fue una parte bonita, me encantó aprender cosas de esa época: el Surrealismo y el Grupo Surrealista, la Segunda República, las Hurdes o el propio Buñuel, personaje complejo donde los haya. Lo malo de la documentación es que es un vicio, empiezas a escarbar y no paras. Se quedaron varias ideas en el tintero, como un encuentro ficticio entre George Orwell y Buñuel en París, ya que coincidieron allí en el tiempo, o un crimen ocurrido en Las Hurdes unos años antes que sigue paso por paso los rituales de Jack el Destripador.

¿Qué tipo de lector crees que puede disfrutar especialmente con este trabajo?
En este caso concreto, aparte de los lectores habituales de mis tebeos, creo que cualquier aficionado al cine, y a Buñuel en concreto. De hecho, es un libro que está funcionando muy bien sin apenas representación en las librerías especializadas en tebeos, debido a la política de distribución que tiene la distribuidora de la Editora Regional. El libro tiene mucha presencia en librerías generalistas y grandes superficies como La Casa del Libro o la FNAC.

¿Qué método de trabajo empleas habitualmente? ¿Qué técnica te tira más?
Depende del proyecto. Para este libro iba escribiendo y dibujando a la vez. Como implicaba demasiada escritura de guión y documentación, pasaba demasiado tiempo sin dibujar y eso me desespera, así que iba haciendo “trozos”, escribía unas páginas y las dibujaba. Aunque ya tenía todo el libro escrito en mi cabeza y la estructura general en una libreta con diálogos que quería que apareciesen o situaciones, hechos históricos, etc. Respecto a la parte gráfica, comencé el tebeo unas 5 veces con diferentes estilos: plumilla, acuarelas -de esto me desinflé rápido-, formato pequeño, grande… Al final me decanté por pincel sobre A3, pero hay casi treinta páginas hechas con otro estilo que se quedaron en el cajón.

En tu trazo pueden notarse influencias de la escuela Bruguera, de algunos autores americanos señeros, incluso de la línea francobelga. ¿Qué autores te tiran más en este aspecto?
Babeo con el dibujo de Jaime Hernández, roza la perfección. También con Daniel Clowes y Seth, su perfeccionismo me abruma. Pero, por otra parte, también me gusta mucho la soltura de Sfar.

¿Te marcan otras disciplinas en tu trabajo? Evidentemente, en esta obra está el cine, y en sus créditos mencionas a Nick Cave, entre otros artistas compañeros de viaje...
Sí, en los créditos menciono la música que más escuchaba mientras hice el libro. Siempre escucho música mientras trabajo, pero esos discos que menciono son los que más me inspiraban a la hora de dibujar el cómic. Me daba cuenta que con otra música no conseguía lo mismo, por eso los menciono.

¿Puedes citar alguna película y canciones concretas que empapen Buñuel y el laberinto de las tortugas?
De los que menciono en los créditos sobre todo escuchaba a Matt Eliott, el disco Failing Songs, cuyo título es ya de por sí bastante derrotista, con un sonido de música tradicional de Centroeuropa. Una película que también me influyó a la hora de escribir el guión fue Stalker, de Andrei Tarkovsky. Por supuesto, visioné todas las películas de Buñuel. En todo su cine se encuentran las mismas obsesiones que ya estaban en sus primeras películas. En el tebeo hay algún guiño que otro a los aficionados al cine de Buñuel, hay una parte que se repite por que sí, como en El Ángel Exterminador, detalle que descoloca un poco a los lectores.

¿Cómo ves el panorama del cómic actualmente?
Bueno, hay avances… Se publican muchas cosas, de todo tipo, las grandes editoriales apuestan por los comics, incluso las de los libros de texto escolares, pero la verdad es que aún no hay una profesionalización, al menos en España, porque la mayoría seguimos sin poder vivir del cómic.

Está claro que tiene más presencia en los medios, que ya es algo…
De un tiempo a esta parte sí, aunque haya que aceptar lo del término novela gráfica para ello. De todas formas, si así se venden más tebeos y está en los medios, como si lo quieren llamar garabatos para adultos.

Iniciativas como el Premio Nacional de Cómic, ¿son realmente necesarias para que la historieta crezca en público o es un espejismo?
Ya era hora de que se hiciese algo así, aunque ya digo que, por otra parte, es premiar a algo que se hace, en muchos casos, por amor al arte. Cualquier otro premio nacional se otorga a un arte gracias al cual el artista puede vivir de su trabajo. De todas formas, está muy bien, sobre todo que, a la hora de seleccionar las obras, no se tenga sólo en cuenta a los grandes autores, si no que pueda optar gente que empieza, como David Rubín el año pasado o Paco Roca este año, que, aunque tiene varios libros publicados, tiene aún mucho que contar.

¿Qué recuerdas de tu primera época publicando en fanzines y publicaciones independientes?
Pues hace ya diez años de eso. La recuerdo con cariño, tenía mucha ilusión, enviaba fotocopias de las páginas a fanzines como L.S.D. o Cabezabajo, y luego estaba impaciente por recibirlos por correo. Hace diez años casi nadie tenía internet en casa. Recuerdo que mi primer tebeo profesional lo publicaste tú en Subterfuge Comix, y que tardó casi un año en salir. Te llamaba cada mes para ver cuándo saldría y hasta me llevé un susto cuando una revista de información dijo que Subterfuge cerraba y cancelaba todas las publicaciones. Me dio tiempo, mientras esperaba, a hacer otro tebeo, y luego ya sin parar. La primera vez que fui a Barcelona a presentar Dando Tumbos, mi primer cómic, iba superemocionado, pensando que iba a firmar un montón de ejemplares, inocente de mí…

Este cómic lo has editado con una ayuda institucional...
Sí, esta es la excepción que rompe la regla. Con publicar un libro así cada año podríamos decir que se puede vivir del cómic, porque tiene una subvención detrás, con un adelanto mientras trabajas, y el pago restante a la entrega del libro. Eso no lo hace ninguna editorial de cómic, a pesar de que te dicen que, si quieres publicar con ellos, tienes que hacerles un libro de al menos cien páginas. Pero luego está la otra cara de la moneda, una distribución irregular, no se reimprimirá en caso de agotarse la edición... Por no ser publicada por una editorial de comics ni distribuida por las distribuidoras habituales, se queda fuera de listas de novelas gráficas recomendadas, etc.

¿Puedes develar futuros proyectos?
Hay varios, pero aún nada concreto. Tengo que ponerme con Astro-Ratón y Bombillita #2, hacer un tercer libro con Martín Mostaza…

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(*) Borja Crespo (Bilbao, 1971) escribe habitualmente sobre cómic en diferentes publicaciones, especialmente en el diario El Correo, es autor ocasional de historietas (las últimas incursiones, en El Manglar y Dos Veces Breve, y Dolmen Editorial acaba de anunciar que en 2009 le publicará un volumen de historias cortas titulado Te hiero), y ejerce de cabeza visible de la organización del Salón del Cómic de Getxo.

Texto de Borja Crespo, cedido para Guía del cómic. Página creada en diciembre de 2008.