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Entrevista: Paco Roca

 

Tras la guerra, sólo los españoles no tuvieron un país libre al que volver”

Por Borja Crespo (*)

Paco Roca (Valencia 1969) se dio a conocer más allá del mundo de las viñetas gracias al éxito de Arrugas, Premio Nacional de Cómic. Para su realización investigó la enfermedad del Alzheimer, que retrató con inusitada sensibilidad. El juego lúgubre, Hijos de la Alhambra, El Faro, Las Calles de Arena y El invierno del dibujante son interesantes títulos que también figuran en su trayectoria. Los surcos del azar (Astiberri), su última propuesta, de reciente lanzamiento, es una novela gráfica que parte de un viaje a París donde el dibujante coincidió, en el Instituto Cervantes, con dos excombatientes de La Nueve. Su historia de cómo habían sido los primeros soldados aliados que entraron en la capital francesa en 1944, para liberar la ciudad de los alemanes, le atrajo sobremanera. “A mi vuelta a España empecé a documentarme sobre cómo aquellos españoles habían acabado desfilando por los Campos Elíseos junto a De Gaulle”, explica. “Su travesía hasta allí había estado llena de aventuras y sufrimientos, el mismo que siguieron parte del medio millón de exiliados que abandonaron nuestro país al final de la Guerra Civil. Como dijo Machado: Para qué llamar caminos a los surcos del azar –la cita aparece en el álbum-. El exilio de los españoles los llevó por surcos azarosos”.

Te has adentrado en un tema espinoso: la memoria histórica.
Creo que es de justicia recordar a aquellas personas que lo dieron todo, incluso su vida, en la lucha contra el fascismo. Ya fuera en su lucha contra Franco o contra Hitler y Mussolini. Es cierto que entre el ejército aliado había también exiliados de otras naciones oprimidas bajo el yugo fascista. Los había italianos, alemanes, polacos... Pero todos ellos tuvieron un hogar al que regresar tras derrotar al fascismo. Tan sólo los españoles no tuvieron un país libre al que poder volver.

¿Crees que hay mucho silencio sobre aquella época? El protagonista de Los surcos del azar al principio prefiere no recordar la tragedia.
Es lógico el hermetismo de muchos de ellos. Las guerras son traumáticas para los que participan en ellas. Con el tiempo intentan borrar lo vivido, las muertes, el sufrimiento... Ese sentimiento de querer olvidar y no hablar del tema es muy común entre los excombatientes. Hace un año escaso, un miembro de La Nueve, que no había querido nunca hablar del tema ni conceder ninguna entrevista, habló por primera vez, a sus más de noventa años, con un periódico andaluz.

 
Portada de la edición francesa del cómic, que publicará Delcourt el próximo mes de mayo con el título de 'La Nueve'
¿Cómo te documentaste?
Ha sido complicado. La historia de La Nueve está llena de leyendas que ya se dan por ciertas. Por ejemplo, circulan por ahí algunas fotos de los semiblindados de La Nueve por París a las que se ha añadido en la foto el nombre en los laterales para que sea más evidente que eran nombres españoles. Los semiblindados nunca llevaban los nombres en los costados. He intentado leer todo lo posible sobre el tema, pero me ha sido de una gran ayuda contar con el apoyo de dos buenos expertos. Juan Rey, que colabora en una web sobre la memoria de La Nueve me ayudó mucho en la parte gráfica; uniformes, armamento... Y el historiador Robert Coale me hizo repetir muchas escenas y viñetas porque no se ajustaban a la realidad.

Fue un largo trabajo, imagino. Has dibujado más de 300 páginas.
De haber sabido cuando empecé todo lo que me quedaba por delante, creo que esta historia aún descansaría en el cajón de "los futuros proyectos que algún día haré, pero no será hoy".

Parece que te gusta hurgar en la memoria de gente de avanzada edad.
Me parece una buena fuente de información. Creo que se puede aprender mucho de las vidas de los demás. En cierta forma todo lo que vivimos y nos parece único, lo ha vivido ya el resto de la humanidad.

Muchos se quejan de que el cine español sólo habla de la Guerra Civil y te atreves con el cómic.
Creo que la Guerra Civil es una temática recurrente que se puede enfocar desde muchos géneros diferentes. No tiene nada que ver una película como La Vaquilla con El laberinto del Fauno. Y estoy seguro de que futuras generaciones lo trataran con su propia visión. Sería algo así como el western, por ejemplo. Cada cierto tiempo se revisita y si está bien hecho nadie comenta “¿otra del oeste?”.

¿Ves una adaptación cinematográfica? ¿Algún director ideal?
Creo que sería muy cara de producir una película así. Pero si pudiese fantasear con ello, me imagino un director clásico como David Lean.

¿Te ha influido el trabajo de autores como Joe Sacco, aunando cómic y periodismo?
Me gusta mucho Sacco. Él, y otros autores, han abierto un camino muy interesante dentro de la novela gráfica. No sé si me ha influido directamente, pero posiblemente sí el espíritu del cómic periodístico.

¿Tomaste pronto la idea de la peculiar estructura narrativa?
Como todas las obras, los proyectos maduran durante meses sin salir de la cabeza. Cuando empecé a estructurar la historia ya tenía claro que estaría dividido en dos narraciones temporales diferentes. Pensé que podía darle más verosimilitud a la historia. Me di cuenta además de que con esas conversaciones en el presente podía contar muchos más detalles que ciñéndome sólo al pasado con su desarrollo narrativo más "cinematográfico". Por otro lado permitía ver también los sentimientos y motivaciones del protagonista en el presente.

Es muy llamativo también el uso del cromatismo.
Intento que el color sirva para algo más que para hacer atractiva visualmente la historia. La sencillez del presente, tanto de color como de dibujo le van bien a esa apariencia de diario de trabajo. Y en la parte del pasado he intentado que, aunque cambie de cromatismo según el lugar en el que se encuentren, sea muy austero, como el color de los viejos documentales.

 
Portada de 'Los surcos del azar' (Astiberri)

¿Inevitable ser uno de los personajes del álbum?
Me pareció un juego interesante quedarme dentro de la narración. Los surcos de azar no es un documental. Aunque realista, es una ficción y como tal está distorsionada por su creador. Me apetecía analizarme y ver cómo realmente manipulo la historia para que encaje con lo que quiero contar. Creo que le da otra lectura a la obra.

No renuncias al sentido del humor, incluso en historias tan duras como las que planteas en Arrugas y Los surcos del azar. ¿Entiendes jugar con el tono como una marca de la casa?
No me lo planteo como un sello personal. Surge sin que me lo plantée. Me parece una herramienta más que tengo para narrar. Por ejemplo, en Los surcos del azar, no sabía cómo tratar la entrada de La Nueve en París. Es emocionante lo que pasó por supuesto, pero carece de "drama". No tuvieron ningún percance con los alemanes. Podía haber buscado la tensión inventando algo, pero me pareció mejor destacar lo estrafalaria que fue su entrada.

¿Qué tiene que hacer un dibujante novel para ser como tú de mayor?
Convertir tu sueño infantil en profesión. Sentir pasión por lo que haces, así no te importará pasarte horas y horas pegado a una mesa de dibujo.

¿Se te ocurre alguna idea para que se vendan más tebeos?
Creo que debemos encontrar un tipo de cómic hecho especialmente para el lector español. En los últimos años la novela gráfica de autores españoles empieza a abrirse un hueco en el mercado español, consiguiendo lectores que hasta ahora no leían cómics.

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(*) Borja Crespo (Bilbao, 1971) escribe habitualmente sobre cómic en diferentes publicaciones, especialmente en el diario El Correo, y participa en la organización del Salón del Cómic de Getxo y el GRAF. También ha escrito los dos libros de microrelatos ilustrados Cortocuentos con dibujo de Chema García y varios autores (Astiberri, 2009 y 2012). Puedes seguirle en su blog y en Twitter, y leer otras entrevistas suyas publicadas en esta web.

Texto de Borja Crespo publicado originalmente en el diario El Correo el 4 de enero de 2014. Página creada en febrero de 2014.