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Entrevista a Darío Adanti y Jordi Costa

Por Borja Crespo (*)

 

Portada de 'Mis problemas con Amenábar' (Glénat)

La última película de Alejandro Amenábar arrasa en la cartelera. El estreno de Ágora le vino que ni pintado a Mostrenco y Ché-qué-Loco, alias de Jordi Costa y Darío Adanti, para publicar su última obra conjunta, Mis problemas con Amenábar, un volumen que recopila las historietas aparecidas bajo tan directo título en las ácidas páginas de la inefable cabecera subterránea Mondo Brutto. Al enfant terrible del cine español le ha aparecido una china en el zapato, una piedrilla en el calzado que probablemente le molestará unos segundos, como unas ligeras cosquillas. Sin embargo, a los aficionados al cine y el cómic les puede proporcionar una lectura prolongada rica en ironía, sátira y mala leche. El ataque sin miramientos al responsable de Tesis, divertido y desvergonzado, sirve de excusa para radiografiar el mundillo del celuloide made in Spain, un circo que necesita urgentemente un ejercicio de autocrítica. Si es despiadado, mejor.
      Mis problemas con Amenábar, editado por Glénat, es el cuarto trabajo firmado al unísono por Costa, crítico de cine ejemplar, y Adanti, dibujante muy personal, tras Monstruos modernos, Vida Mostrenca y Todd Solondz: En los suburbios de la felicidad. Más de uno, inevitablemente, les llamará oportunistas por lanzar el cómic coincidiendo con el estreno de la película. Para la ocasión han remasterizado las páginas, han rehecho algunas ilustraciones y han coloreado cada viñeta, publicadas anteriormente en blanco y negro. Al director de Los otros no es al único al que le caen tobas en el cómic. Mis problemas con Amenábar es un tebeo agudo, una bofetada necesaria a un acomodado negocio del cine repleto de sujetos abonados al pesebre público y artesanos con delirios de grandeza.  

¿Qué  pensará Amenábar de todo esto?  

Jordi Costa: El otro día leí una entrevista en la cual el periodista le preguntaba si le preocupaba el tema de la muerte. Amenábar contestaba que no, que lo de la muerte tan sólo le llamaba un poco la atención. Imagino que alguien que ha conquistado ese nivel superior de ataraxia zen no perderá precisamente el sueño porque dos pobres diablos le hayan dedicado un tebeo de risa. O sea que, probablemente, ni siquiera pensará en ello. Sólo somos un minúsculo daño colateral en su imparable carrera hacia la divinidad. 

Darío Adanti: La verdad es que no tengo ni idea, supongo que pasará del tema. Le molestará tal vez un pelín, como me molesta a mi cuando leo críticas negativas de mis comics, es parte del riesgo de hacer algo público. Pero no creo ni que se moleste en mosquearse.  

Más de uno os ha llamado oportunistas por lanzar el cómic coincidiendo con el estreno por todo lo alto de su última película.  

D.A.: Algo de eso hay... No es oportunista la obra en sí, porque es un trabajo que venimos haciendo desde hace varios años, pero sí lo es la fecha del lanzamiento. Siempre hemos sido fans de las explotations, así que: ¿por qué no convertirnos nosotros también en parte del fenómeno de explotación generado por Ágora

J.C.: Más que oportunistas, supongo que estamos desesperados. Nuestros trabajos en común pueden ordenarse por una gráfica decreciente de ventas y, como bien sabes tú que también te dedicas a la historieta, no es el medio más apropiado para hacerse rico. Mis problemas con Amenábar empezó hace muchos años, en las páginas de Mondo Brutto. Dado que, desde el principio, nuestra idea era hacer un álbum de 44 páginas -o sea, el formato franco-belga- y el relato estaba llegando ya a su conclusión, lo único que hicimos fue acelerar un poco el proceso para que la publicación coincidiese con el estreno de la película. La estrategia nos puede ayudar un poco y no le va a restar ni un espectador a Ágora. Quizás hemos ejercido de parásitos inocuos.  

Una excelente maniobra de marketing, en definitiva... 

D.A.: Como hacía Russ Meyer con las tías en bolas, meto sexo, pero luego lo que importa son esos recursos únicos que siguen siendo modernos hoy, más allá del reclamo comercial de su época.  

J.C.: Es simplemente una decisión de marketing obvia, transparente y probablemente barata. El estreno de Ágora ha generado una insólita avalancha de exploitation, quizás la prueba definitiva de que Amenábar es más que un cineasta. Si vas a cualquier librería, puedes encontrar un buen puñado de libros sobre Hipatia que, imagino, muchos escritores españoles de novela histórica han confeccionado a toda prisa para llegar a tiempo al estreno. Curiosamente, no es fácil encontrar una obra sobresaliente y absolutamente libre que apareció hace unos años con el personaje de Hipatia como centro: La perra de Alejandría de Pilar Pedraza. Mis problemas con Amenábar es el grano de pus en esa montaña de ficción exploit: la alternativa para quien busque su particular Alka Seltzer con el que combatir la resaca amenabariana. Por otra parte, tiene cierto sentido que nuestra relación con Amenábar acabe siendo la de los autores de una exploitation de una obra del Genio Axiomático.  

¿No teméis represalias?  

J.C.: Si pasan los días y no tienes noticias de nosotros, tira de la manta, por favor. 

D.A.: Espero que no las haya, un tebeo y dos autores como nosotros, somos muy poca cosa para una industria tan monstruosa como la del cine de alto presupuesto. Vamos, que espero que ni se molesten en pensar una represalia, y que se dediquen a disfrutar sus ganancias, que es lo que haría yo en su lugar. 

 
"[este cómic] sirve para lanzar unas cuantas opiniones exageradas -pero con un fondo real- sobre los festivales de cine, la maquinaria del prestigio, los rodajes, la industria audiovisual y los medios de comunicación, entre otras cosas."

No es al único al que dais caña. 

D.A.: No, caen varios, pero lo vuelve democrático, si focalizas la crítica en Amenábar, te quedas sin comprender el fenómeno que lo avala, que es el verdadero problema. 

J.C.: Creo que Amenábar es el que sale mejor parado. Como se dice en el prólogo, Amenábar es sólo la punta de iceberg: el emblema visible de un proceso, una creación colectiva que forja un modelo de cultura asfixiante, pero que ciertos órganos de poder consideran deseable. Por otro lado, el relato es un poco digresivo y sirve para lanzar unas cuantas opiniones exageradas -pero con un fondo real- sobre los festivales de cine, la maquinaria del prestigio, los rodajes, la industria audiovisual y los medios de comunicación, entre otras cosas.  

¿Como germinó la serie?  

J.C.: Cuando Darío Adanti y yo publicamos el libro de Vida Mostrenca se nos ocurrió hacer una especie de historieta promocional para Mondo Brutto, que es el medio que nos dio cobijo cuando otro medio de mayor difusión nos dio la patada en el culo modelo Charlot. Como esa historieta, al parecer, gustó, seguimos publicando historias cortas en Mondo Brutto hasta que creímos que nos podíamos atrever con algo más grande. A mí me habían pasado una serie de cosas con Amenábar que son las que se cuentan en el libro: a partir de ahí, intentamos levantar una teoría sobre el fenómeno Amenábar. En el fondo, Mis problemas con Amenábar es como un artículo más de Vida Mostrenca, pero explicado en lenguaje de historieta.  

D.A.: Cuando dejamos de colaborar para el Tentaciones, nos dio mucha pena no tener la cita semanal conjunta porque no los pasamos muy bien currando juntos, así surgió, sí... Jordi quería hacer comics, y yo encantado de poder hacer algún cómic desde la colaboración, que es algo que recomiendo a todo autor, porque colaborar con otro te abre las miras creativas, te saca de tus propias limitaciones profesionales y te hace crecer personalmente y descubrir virtudes propias que desconocías 

¿Cómo ha ido evolucionando?  

J.C.: Al principio, no fuimos muy disciplinados. Yo tenía la historia en la cabeza, pero lo cierto es que no nos poníamos a preparar ninguna entrega hasta que Galactus de Mondo Brutto nos llamaba al orden porque iba a salir un nuevo número. O sea que el proceso fue largo y discontinuo. En las últimas nueve páginas, que son las que hicimos especialmente para el álbum, creo que se nota la intensidad y la felicidad de ese sprint final. Como siempre, hemos aprendido en el proceso. Por supuesto, en este caso, el que más ha aprendido soy yo, porque Darío ya tenía el culo pelado de hacer tebeos, pero para mí ha sido una especie de bautismo de fuego.  

D.A.: Creo que el hecho de que hayamos tardado tantos años en hacer el cómic ha sido positivo porque hemos ido evoulucionando tanto en el guión como en el dibujo, y en la forma de colaborar. Creo que se nota en las últimas páginas la evolución, no solo en el dibujo, sino en los recursos narrativos, cada vez más visuales y con un juego que va del texto al dibujo y viceversa, lo que hace que el cómic no sea un texto ilustrado en viñetas si no, realmente, una historia contada con palabras e imágenes que se apoyan mutuamente.  

¿Os atrevéis a definir el álbum del tirón?  

D.A.: Nuestros referentes han sido una mezcla de Harvey Kutzman, las sátiras de la revista Mad, los hermanos Friedman, con toda la tradición de Bruguera encima. 

J.C.: Es una historieta autobiográfica que, al mismo tiempo, intenta rascar en un estado de la cuestión cultural. Sobre todo, es un tebeo de risa: un hijo bastardo de Bruguera y del posterior magisterio de Gallardo y Mediavilla. También es un libelo, una diatriba, una cántiga de escarnio en viñetas.  

¿Cómo ha sido el proceso de trabajo a cuatro manos?  

J.C.: Normalmente, le entrego el guión a Darío: un guión que suele dejar poco margen al dibujante y que, a menudo, le pone en aprietos. O sea que Darío ha tenido la gran paciencia de trabajar con un guionista principiante, poco profesional, verborreico, y lograr que el resultado final parezca armónico, o eso espero, al menos. 

D.A.: Jordi me contaba de qué iba cada entrega con mucha antelación. Luego me enviaba el guión que, generalmente, era una pequeña descripción de la escena con el texto, pero hablábamos mucho de las expresiones que tenían que tener los personajes. Yo le enviaba las páginas a medida que iban saliendo, y las íbamos comentando o agregando cosas. Jordi, incluso, se hacía bocetillos de diagramación de página, para comprobar mientras escribía que todo funcionaba. Eso fue muy práctico a la hora de tener una imagen general de la narración.  

¿Cómo veis el panorama del cómic por estos pagos? Mojaros…  

J.C.: En nuestro país, el mundo de la historieta parece la única parcela de la cultura donde los relevos generacionales se dan con total naturalidad. Ahora mismo hay una generación portentosa, creativa, una suma de identidades y estéticas de una diversidad increíble. Me dejaré miles de nombres en el tintero, pero, por ejemplo, me descubro ante gente como Luis Bustos, Carlos Vermut, Paco Roca... El álbum de Fermín Solís sobre Buñuel también ha sido una gratísima sorpresa. Lamento no estar tan al día como lo estaba hace unos años, pero hay tantas cosas interesantes que tampoco doy abasto. Se está editando mucho y bien. Lo único lamentable es que, en el fondo, la creación de historietas esté condenada por estos pagos a ser un hobby, una actividad inevitablemente asociada al pluriempleo.  

D.A.: Yo lo veo muy bien, además de la tradición humorística de estas tierras, que ya tiene años de historia y que, si ves fanzines o nuevos autores que van apareciendo en revistas como El Jueves, se nota que sigue ahí, pero, por otro lado, ha surgido una nueva generación de dibujantes que cuentan historias más serias, biográficas o no, en plan Novela Gráfica, que son algo nuevo en el panorama nacional, realmente buenos e interesantes. Creo que estamos en una época muy buena para el cómic en España. 

¿Y el cine? 

J.C.: El panorama es mucho menos dinámico y, a ratos, bastante desalentador. Lo interesante ocurre en territorios marginales, en los registros del cine de autor más o menos radical. Por supuesto hay excepciones: Nacho Vigalondo, que es el único cineasta que parece dotado de una gran intuición para adaptarse a los cambios de los modelos de producción, distribución y difusión del medio. Podría mencionar otros nombres: Borja Cobeaga -quizás la gran esperanza blanca para un cine comercial con conocimiento de causa-, Mar Coll, Isaki Lacuesta... Aunque, bueno, esos no son precisamente los modelos que alienta la oficialidad.  

D.A.:
 Lo veo un poco más en decadencia, creo que la industria y los intereses económicos desesperados por los momentos de crisis del cine, están haciendo que se apueste por un cine que podría haberse hecho en cualquier otro país, perdiéndose la autenticidad de las historias contadas desde la propia experiencia y con la sensibilidad propia de cada lugar que, en el fondo, es lo que hace interesante y universal una historia, no el querer ser universal deslavando el mundo que conoces, sino contando ese mundo. Pero siempre hay francotiradores que apuestan por cosas pequeñas y con más sensibilidad como dice Jordi.  

¿Algún futuro proyecto en común? 

D.A.: Muchos, está claro que es tan fructífera nuestra colaboración y nos la pasamos tan bien que esto sigue para rato, lo próximo será otra aventura de Mostrenco y Ché-qué-Loco, pero no sabemos aún cuál de todas las aventuras posibles ganará en la carrera por la realización. ¡Se irán enterando, eso está claro! 

J.C.: En realidad nada concreto, pero espero que podamos hacer algún otro tebeo. Cuando terminamos Vida Mostrenca también teníamos el deseo de hacer nuestro particular libro de viajes, pero en el horizonte no se definió la silueta de ningún editor rascándose el bolsillo para comprarnos un billete a Pernambuco o un destino similar.  

 
"El cómic, hoy por hoy, y justamente porque no maneja los intereses económicos de otros medios, es el medio ideal para contar historias que de otro modo no se contarían."

¿Queréis añadir algo más? 

D.A.: El cómic, hoy por hoy, y justamente porque no maneja los intereses económicos de otros medios, es el medio ideal para contar historias que de otro modo no se contarían. Y creo que hoy por hoy, lo más interesante culturalmente que está pasando en España, está pasando en el ámbito del cómic, y no lo digo por nuestro libro, si no por la cantidad de autores interesantes locales que están editando libros, y muchos de ellos ni siquiera pueden vivir de eso, así que lo hacen desde el puro deseo de la expresión.

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(*) Borja Crespo (Bilbao, 1971) escribe habitualmente sobre cómic en diferentes publicaciones, especialmente en el diario El Correo, y ejerce de cabeza visible de la organización del Salón del Cómic de Getxo. Acaba de publicar el libro de microrelatos ilustrados Cortocuentos con dibujo de Chema García (Astiberri) y está ultimando un recopilatorio de historietas cortas titulado Te hiero para Dolmen Editorial.

Texto de Borja Crespo, cedido para Guía del cómic. Página creada en enero de 2010.