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Entrevista a Carlos Vermut

Por Borja Crespo (*)

Carlos Vermut (Madrid, 1980) se llevó el premio Injuve de Cómic en 2006. Si la noticia le pilló por sorpresa, aún no acaba de creerse los premios a los que opta por su primer álbum, El banyan rojo, en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona a celebrarse el próximo abril,. Cuatro nominaciones conocidas recientemente: mejor obra, mejor guión, mejor dibujo y autor revelación. Todo un puntazo, que este joven dibujante se toma con cierta modestia, tras haberse bregado en las páginas de fanzines como Frenzy, Cabezabajo o Lunático y revistas como BD Banda, Dos veces breve y El Manglar. En su primer trabajo personal, publicado por Dibbuks, Vermut desarrolla una historia fantástica en la antigua India. El lector se ve inmerso en un relato exótico de cuidada atmósfera que evoca la esencia del hombre y el origen de sus miedos.

Menudo pleno en las nominaciones, ¿no?
Estoy encantado.

No es para menos, ¿te lo esperabas?
La de autor revelación me la olía, para que engañarte, pero las otras nominaciones ya han supuesto un premio en sí mismas… no me las esperaba. El año pasado se publicaron cosas muy buenas y, al fin y al cabo, este es mi primer álbum.

El pasado año te llevaste el Premio Injuve. ¿Cambia algo la vida al ganar alguno de estos galardones?
Los premios te facilitan en cierta medida acercarte a las editoriales, o que las editoriales se acerquen a ti, pero lo que realmente importa es demostrar que sabes contar historias y que comprendes el lenguaje del cómic. En ese sentido, tiene mas valor curtirse en fanzines que los premios.

Háblanos de El banyán rojo.
Es, en esencia, un cómic de aventuras. Es curioso, en más de una crítica he leído que se referían a él como una historia de amor y venganza, y lo cierto es que, aunque la venganza como mecanismo que nos transforma me parece un tema muy interesante, este cómic habla más del sacrificio, de las decisiones que tomamos sacrificando lo que más apreciamos por conseguir un objetivo. Todos y cada uno de los personajes se enfrentan en algún momento de la historia a alguna decisión crucial que les marcará para siempre.

¿De dónde surgen tus  historias?
Me intrigan las relaciones y las reacciones de los seres humanos en situaciones extremas. Me gusta mucho la aventura, la acción o el suspense, pero todo eso tiene que tener una base construida con personajes creíbles. Siempre intento elegir un motor que va a ser el que mueva a los personajes, como la chispa que les va a dar vida. En “El banyán rojo” ese motor es el sacrificio, pero temas como la venganza, el orgullo o la crueldad me atraen mucho.

¿Qué técnica utilizas?
Soy muy sucio. Utilizo hojas normales y sobre ellas hago los esbozos y el storyboard, que para mí es el proceso más duro y más divertido. Si me gustan esos esbozos los escaneo y trabajo sobre ellos con el ordenador. “El banyán rojo” está realizado de forma íntegramente digital.

Entre otros trabajos colaboras en la nueva revista El Manglar. ¿En qué consiste tu aportación?
La serie con la que participo en El manglar se llama Doble sesión. Básicamente se trata de generar situaciones extrañas uniendo en un mismo momento y lugar personajes o géneros cinematográficos completamente diferentes.

¿Cómo ves la iniciativa?
Creo que el El Manglar esta cubriendo un hueco que estaba vacío y era necesario cubrir. No te hablo concretamente del tema físico de los kioscos, que es un punto muy importante para llegar a la gente, me refiero a que es una revista de batalla, muy popular, cercana a El jueves, pero con otro tipo de contenido.

¿Por qué cada vez hay menos revistas especializadas en historietas?
Las revistas de cómic no encuentran lectores, o no saben llegar a ellos, y, antes de comenzar el viaje, la mayoría de proyectos se abandonan. Creo que el problema es redundar en lo de revistas de comics, eso tira para atrás a la gente, porque los aficionados a los comics por los comics somos pocos. Antes sí había muchas revistas de género: terror, aventuras, misterio, juveniles, para chicas... Ahora hacemos revistas sobre el propio cómic, donde el protagonista es el cómic, cuando el cómic debe ser el vehículo, no el destino. Esta sobreprotección al medio, esta necesidad de dignificarlo puede ser contraproducente. Al final, como en el cine o la literatura, lo que importa son las historias y, si estas son buenas, no hay necesidad de convencer a nadie de nada.

Sin embargo, parece que el mercado está viviendo un momento dulce.
Es cierto. Creo que los grandes responsables de eso son el manga y la novela gráfica. En ambos casos el peso de la obra reside en la narración como cemento que une el guión y el dibujo, pero no ves que uno pise al otro. La novela grafica ha acercado a mucha gente al medio, son historias que no te obligan a tener que seguir una colección y la mayoría de veces están dirigidas a un publico adulto, y eso se nota en el mercado.

¿Es complicado encontrar a alguien que te edite?
Me siento en la obligación de contestar un no rotundo. Actualmente hay muchas editoriales en España. Si no, siempre está el mercado extranjero.

¿Cómo ves el futuro de las viñetas?
Muy bien, sinceramente. El camino es lento, pero poco a poco tanto los lectores como los autores estamos aprendiendo a concebir el cómic como un medio narrativo como otro cualquiera, que en definitiva es lo que es. Es lo que te decía antes, con lo de sobreproteger el medio. Creo que el futuro del cómic en este país reside con mucha fuerza sobre los propios creadores y las historias que hacemos.

¿Algún autor de cabecera?
Muchos, y de todos lo colores. Sfar, Naoki Urusawa, Alberto Breccia, José Muñoz, Trondheim…

¿Qué recomendarías a alguien que empieza?
Cada cual es un mundo, pero creo que ser crítico con el trabajo propio, y saber aceptar críticas, debería ser lo primero en instalarnos en el disco duro. Y, por supuesto, fanzinear como locos.

¿Preparas algo nuevo?
Si, varias cosas, lo mas inmediato es una adaptación actualizada del Ramakian, un cuento épico tailandés, que espero que este año esté en la calle.

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(*) Borja Crespo (Bilbao, 1971) escribe habitualmente sobre cómic en diferentes publicaciones, especialmente en el diario El Correo, es autor ocasional de historietas (las últimas incursiones, en El Manglar y Dos Veces Breve, y Dolmen Editorial acaba de anunciar que en 2009 le publicará un volumen de historias cortas titulado Te hiero), y ejerce de cabeza visible de la organización del Salón del Cómic de Getxo.

Texto de Borja Crespo, cedido para Guía del cómic. Página creada en mayo de 2009.